La muestra, que podrá visitarse
hasta el próximo 26 de enero de 2019, reúne una selección de 30 obras del
escultor grancanario, realizadas a lo largo de su trayectoria profesional
Comisariada por el poeta y
crítico de arte, Lázaro Santana, “Plácido Fleitas. Un escultor permanente” se
verá complementada por un amplio programa de actividades para todos los
públicos
La Fundación Cristino
de Vera-Espacio Cultural CajaCanarias ha presentado hoy en rueda de prensa la
exposición Plácido Fleitas. Un escultor permanente, una muestra que
reúne una selección de 30 obras –esculturas, dibujos y bajorrelieves-
realizadas por el escultor grancanario a lo largo toda su trayectoria
profesional. La muestra podrá contemplarse en la sala de exposiciones
temporales de la Fundación Cristino de Vera-Espacio Cutural CajaCanarias, calle
San Agustín, 18, La Laguna, hasta el 26 de enero de 2019, en horario: de lunes a viernes de 11 h. a 14 h. y de 17 h. a 20 h. y
sábados de 10 h. a 14 h.
En el acto de inauguración han intervenido el
poeta y crítico del arte Lázaro Santana, comisario de la muestra, la directora
de la Fundación CajaCanarias, Natalia Aznárez, y la directora de la Fundación
Cristino de Vera-Espacio Cultural CajaCanarias, Clara Armas.
Durante su
intervención, Natalia Aznárez señaló que esta exposición se inscribe dentro de
las líneas de trabajo de la Fundación Cristino de
Vera-Espacio Cultural CajaCanarias, que pretenden revisitar y rescatar la
producción de los creadores más relevantes del ámbito insular y contribuir,
así, al mejor conocimiento de nuestra Historia del Arte reciente. Indicó,
además, que este proyecto expositivo descubre la maestría de uno de los pilares
fundamentales de la modernidad en las islas, uno de los artistas más
interesantes de la Historia del Arte español del XX, referente de lo que en
Canarias se ha denominado “indigenismo” y de la Escuela Luján Pérez. Por último,
la directora de la Fundación CajaCanarias, habló sobre la programación de actividades
paralelas que se ha organizado en torno a la muestra que permitirá a todos los
escolares y público general, que participen en las mismas, conocer a una de las
figuras de referencia del arte en Canarias.
Por otra parte, el comisario de la muestra,
Lázaro Santana, señaló que este proyecto subraya la faceta figurativa del
escultor; en él hay dos artistas diferentes, ya que en su trabajo convive el
lenguaje figurativo con el abstracto, que desarrolla hasta el final de su vida.
Además, resaltó que la obra de Plácido Fleitas junto a la de Jorge Oramas y
Felo Monzón constituyó el núcleo del que partieron Pedro García Cabrera,
Eduardo Westerdahl y Pestana Nobrega, entre otros, para teorizar sobre la
posible existencia de un arte canario de vanguardia a comienzo de los años
treinta. Por último, señaló que el conjunto de obras mostrado da una idea cabal
de toda la trayectoria profesional de Fleitas desde sus inicios en los años
treinta hasta finales de los sesenta.
Clara Armas, directora de la Fundación Cristino de
Vera-Espacio Cultural CajaCanarias, subrayó que Plácido Fleitas es “un poeta de
las formas” y que esta exposición constituye una magnífica oportunidad para dar
a conocer al público insular la obra de este relevante escultor que mostró, a
lo largo de toda su trayectoria profesional, una sensibilidad exquisita con la
naturaleza insular.
El proyecto expositivo.
La muestra “Plácido Fleitas. Un escultor permanente” está integrada por 30
piezas –16 esculturas, 12 dibujos y 2 bajorrelieves- , algunas de ellas
inéditas, y abarca un amplio marco temporal el comprendido entre los años 1932
y 1963. Un amplio recorrido que permitirá al visitante descubrir la evolución
del lenguaje plástico de este creador grancanario, nacido en Telde en 1915.
De su etapa de formación, en los años treinta,
vinculado a las visitas al Museo Canario y a sus enseñanzas en la Escuela Luján
Pérez bajo el magisterio de Eduardo Gregorio, la muestra recoge esculturas de
temática popular, gente humilde: campesinas, pescadores de manos grandes y músculos
marcados, y dos bajorrelieves con escenas de trabajo en el campo y en el mar.
Estas obras están talladas directamente sobre madera, técnica aprendida de su
maestro, y en ellas no sólo se relaciona lo moderno con lo arcaico sino, además,
se evidencia la asimilación del cubismo y la influencia del arte primitivo –africano-.
De los años 40, que marcan su consolidación como
escultor, la exposición muestra una serie de mujeres desnudas caracterizas por
tener grandes ojos, boca de gran tamaño y labios gruesos, mandíbula ancha y
pómulos salientes. Estas esculturas de rasgos africanos, talladas en madera de
caoba y ébano, son las piezas de corte más indigenistas.
De la década de los 50, tras el regreso del
artista a su isla después de viajar por Europa y residir durante dos años en
París, donde conoce a Óscar Domínguez y visita a Pablo Picasso, se muestran
piezas que, sin renunciar a la figuración, van camino hacia la abstracción,
además de una colección de dibujos que se exhiben por primera vez. En estos
años, Fleitas se interesa por realizar piezas con diversas texturas y produce
una serie de cabezas de mujer en piedra de diversos colores y calidades, como
las que se exhiben del Centro Atlántico de Arte Moderno y el Museo de Bellas
Artes de Santa Cruz de Tenerife. Tras esta primera tentativa por explorar las
texturas, regresa a la superficie pulimentada y se concentra en alcanzar la
esquematización y aligeramiento de los volúmenes, en obras como Mujer y Maternidad, propiedad del Centro Atlántico de Arte Moderno. Estas obras abstractas, de los años
cincuenta son el fruto de las sucesivas investigaciones que el artista realizo
con el fin de extraer la esencia de la forma, una idea plástica pura, a partir
de una referencia figurativa. Este género de abstracción, elegante y frio, muy
pronto será sustituido por la irresistible atracción que este creador sintió
por la naturaleza, presente en su obra desde muy temprano. A partir de estos
momentos, el escultor se interesará por penetrar en el vacío, siguiendo la
tendencia contemporánea a horadar el bloque escultórico de lado a lado. Así, en
su última etapa, años 60, la muestra recoge una Abstracción muy característica, una arenisca de forma ondulante,
propiedad de la Casa de Colón, que parece una formación rocosa erosionada por
el viento y el agua a lo largo mucho tiempo.
Plácido Fleitas y su obra.
Al examinar la obra de
Plácido Fleitas, cualquier observador tiene la impresión de que el artista
vivió muchos años, que pudo desarrollar su trabajo sin restricciones, contando
con un horizonte temporal generoso. La magnitud, incluso numérica, de esa obra;
la técnica empleada para conseguirla ‒la talla directa‒, las distintas etapas reconocibles de su evolución, etc. podrían
confirmar la certeza de aquella impresión. Y, sin embargo, Fleitas, nacido en
1915, falleció en 1972, es decir: a los cincuenta y siete años, en plena
madurez vital y plástica, y, sin duda, dejando por hacer una parte sustancial
de su trabajo. Los numerosos dibujos y bocetos de esculturas que conservó en su
estudio confirman la existencia de una vasta riqueza de pensamiento formal que
seguramente conseguiría trasladarse a la piedra o a la madera de manera
satisfactoria, ampliando su repertorio plástico, de haber contado con el tiempo
necesario para ello.
Hay dos razones que justifican el que
consideremos esa obra dentro de un arco temporal dilatado, aunque este fuera desgraciadamente
corto: 1) la fecha temprana en que Plácido Fleitas comienza a producir obras
estimables, 1929, cuando apenas tenía quince años; 2) la intensidad y
dedicación con que realizó su trabajo a lo largo de toda su vida. En la
exposición colectiva de la Escuela Luján Pérez, que data del año citado
anteriormente, la suya fue una de las aportaciones más numerosas ‒14 dibujos y 22 tallas en madera ‒, y hasta pocos días antes de su fallecimiento, 12 diciembre, a causa de
una dolencia cardíaca, estuvo trabajando al aire libre, en la marina de Las
Palmas de Gran Canaria, en las esculturas de la serie Magia de la Naturaleza. Fleitas fue siempre un hombre solo, tocado
de una incipiente misantropía que se acentuó con el paso de los años; su
relación con amigos y familiares no fue muy cordial; se permitía muy pocas
distracciones, tocar el timple era un de ellas. El aspecto sonriente con que se
muestra en algunas fotografías no oculta una melancolía que parece innata.
Viajó algo por España y Europa, con ocasión de sus exposiciones en Madrid,
Barcelona, París y Copenhage, pero su universo real estuvo centrado en su
pequeño estudio de la calle Torres, en Las Palmas de Gran Canaria. Entre
aquellas dependencias elementales, con dimensiones de apartamento al que desahogaba
un patio de paredes rústicas, elaboró todo su arte.
Solo y encerrado, pero no cerrado: la
evolución de su obra da cuenta de ello: creador de un genuino tipo racial
canario, ligado al ámbito más popular de la isla, pudo también abstraer esas
formas de manera consistente, sin perder su referencia figurativa, pero muy
próximas a la abstracción, en piezas como Toro
o Maternidad. Son, estas últimas,
esculturas elaboradas a partir de 1951, después realizar un primer viaje a
Paris, disfrutando de una beca concedida por el Instituto Francés. Allí tuvo
ocasión de conocer a Óscar Domínguez, de visitar, cómo no, a Pablo Picasso, y
de ver personalmente el arte que entonces exponían las galerías francesas, el
auge de la abstracción y de su contrario, aunque también abstracto, el arte
geométrico. Asimiló una influencia muy favorable, la de Henry Moore, aunque no
supo trascender la de otra artista inglesa, Barbara Hepworth. Desde 1965, su
dedicación casi exclusiva fue el trabajo en las esculturas de Magia de la naturaleza, una serie en
piedra arenisca, de gran envergadura, algunas piezas tienen 2,60 metros de
alto, que quedó sin concluir por la muerte del artista.
Las historiografías nacionales recuerdan
parcamente la labor de Plácido Fleitas; aunque esta no ha tenido, la
repercusión que sin duda merece. En el contexto de la escultura española de los
años treinta y cuarenta, ese trabajo no cede en importancia a los de otros
escultores más celebrados, como Julio Antonio, Barral o Pérez Mateo. Y en el
ámbito local, el ideario que los vanguardistas insulares discutieron en los
años 30 acerca de la identidad canaria en arte y literatura, debe mucho a la
imagen que proyectaba la obra de Plácido Fleitas. Méritos que justifican su
permanencia, a pesar de todo.