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Crónica: Pedro Guerra en el Cine Víctor. Por Adrián Gómez


Tarde noche del 22 de enero. No llueve. La cola desde la Rambla llama la atención. El cantautor chicharrero juega en casa. El cine está hasta los topes. No hay hueco, y el que suscribe se ubica al lado de la mesa de sonido. Hago acoplo de mirada telescópica cual kryptoniano, para disfrutar de Beatriz Martín. Ella sale con una electroacústica, y defiende con éxito tres piezas de su cosecha. Es difícil ser telonero del güimarero, pero el ambiente es solicito y el precalentamiento acierta de lleno. Se inicia el viaje, título del último trabajo de Pedro Guerra. Espejo es la primera en sonar.. está el sólo, con su guitarra de palo, nos invita a entrar con Pasa. Se le ve en forma, cómodo y eficiente. Ejerce de storyteller cuando desgrana sus canciones. Las tablas mandan y recuerda que en el cine Víctor (que no teatro), vio La guerra de las galaxias, Superman «.. y posiblemente Jesucristo Superstar». Huelga decir que la audiencia está entregada . Bebes del río, da pie a la primera interacción con el público, a la par que va desglosando su último trabajo. Hay sitio para todo; desde el recuerdo de la visita a México y el inicio de su larga relación sentimental, gracias a la virgen de Guadalupe, hasta el homenaje a su abuela en una bellísima tonada, con el maldito Alzheimer de por medio. Suena Deseo, despertando una vez más, una emoción incomparable.

Nostalgia envuelta en sentimientos. Debajo del puente, Daniela, o El marido de la peluquera, encabezan la recta final, interpretando el título homónimo del disco que presenta. El viaje termina, demostrando una vez más la extraordinaria sensibilidad de un músico auténtico como pocos. Lejos de cantautores que ondean banderas prefabricadas, alternando entre spots de cerveza y mensajes de hermandad. Contamíname supera todo eso, autoafirmándose, casi tres décadas después, como el himno definitivo sobre la multiculturalidad. Despedida y aplausos. Llegan los bises, y el trovador sale a tocar 7 puertas; probablemente, lo menos sonrojante de la representación canaria en el concierto por La Palma hace dos semanas, en Madrid (junto con la actuación final del gran Luis Morera).. un público complacido, satisfecho, que se reencuentra, como en mi caso, con un ídolo de su juventud, que sigue en plena forma, como demuestra su último trabajo. Pero es hora de volver a la raíz, y disfrutar de Otra forma de sentir, perfecto broche de oro para una noche tan mágica como necesaria en estos tiempos. Gracias por devolvernos la alegría…

Texto de Adrián Gómez

Fotografías cedidas por la organización del concierto

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