El largamente esperado regreso del legendario Taller de artes gráficas Mertens se ha hecho realidad. A su frente está Fabián Castilla Labrador, uno de los alumnos más aventajados de su creador Alfonso Mertens, quien convirtió al recinto en punto de referencia internacional por el equipamiento y profesionales con los que contó.

El inicio, de todas formas, ha sido un tanto ajetreado ya que las obras en La Recova donde iba a abrir sus puertas se han complicado más de lo previsto y por ello se han tenido que trasladar al Museo de Bellas Artes, junto con el resto de Escuelas municipales, formato que es el que ahora ha adoptado el taller. Lógicamente, resulta imposible traer toda la maquinaria y herramientas al nuevo emplazamiento tanto por su número como por su peso. 

     Basta recordar que cuando se hizo la ‘mudanza’ en los años ochenta del Sur de Tenerife al Parque Viera y Clavijo de Santa Cruz se tuvieron que emplear varios camiones para cargar con 26 toneladas, hacerlo por la noche y custodiados por la policía. 

   No obstante en fechas próximas se prevé ir progresivamente trayendo más material desde La Recova, tales como rodillos o entintados entre otras herramientas y útiles más pero dado lo aparatoso de cargar el peso de la maquinaria difícilmente se podrá hacer mucho más. 

     A todo ello se une que el estado del recinto es tan preocupante que los miembros de la escuela deben estar acompañados de técnicos para evitar cualquier tipo de riesgo.

     Por este mismo motivo la totalidad de este curso se tendrá que llevar a cabo en el nuevo emplazamiento pero Castilla es positivo y dice que simplemente “me ajusto al espacio que tengo”, de hecho indica que en realidad el anterior “era enorme, apenas nos servía el 50%”. 

     En el aula actual se puede ver una de las muchas máquinas que Mertens recopiló durante su vida y luego cedió al Ayuntamiento, cuyo peso es de 400 kilos por lo que para llevar a cabo su traslado fue necesaria una grúa y cinco trabajadores.

     Las clases en la actualidad se dividen en tres grupos de 12 alumnos cada uno  que disponen de cuatro horas semanales. No obstante, todavía se está en lo que podría denominarse como fase de tanteo debido al nuevo formato del taller. 

   El perfil del alumno que acude a esta Escuela municipal, única en Canarias, es el de artistas, estudiantes de Bellas Artes, gente interesada y luego hay un grupo de mayores que no se pudieron formar por distintos motivos en estas modalidades y ahora quieren ganar el tiempo perdido. 

     Hay un número importante de docentes que imparten clases sobre estas materias y han visto clara la oportunidad de mejorar su formación. 

La Escuela supone un elemento básico a la hora de que se puedan formar los estudiantes de artes gráficas ya que resulta imprescindible contar con maquinaria especializada. No se trata de una materia que cada uno pueda realizar en su casa en solitario como el dibujo, por ejemplo. 

     “En estos momentos tengo antiguos alumnos que funcionan de forma autónoma por lo que yo me limito a estar aquí como apoyo pero luego hay gente que empieza desde cero y son ellos los que me dicen qué es lo que quieren aprender y así vamos poco a poco avanzando”. 

    No existe un programa determinado y generico, porque cada alumno tiene un perfil diferente por la heterogeneidad de los grupos en los que se mezclan especialistas con aquellos que vienen con el interés y la curiosidad bajo el brazo y poco más. 

     A grandes líneas  «existe una clase de alumnado que tiene claro lo que quiere aprender y luego está otro que espera a que sea el profesor quien lo dirija. Hay artistas que hacen obras personales y otros que aspiran a mejorar su formación», dice Castilla. 

     Pero lo importante es que después de tres años y cuando planeaba un cierto riesgo a que el taller quedara en el permanente olvido, el Organismo Autonomo de Cultura,(OAC) permitió que volviera a la vida y además con la garantía de que al frente está un profesional que garantiza la continuidad del legado de Mertens. 

     En el mes de noviembre del año 2020, tras el obligado cierre por la pandemia, hubo un intento de apertura pero al poco tiempo cayó una lluvia de tal intensidad que destrozó parte del techo y se tuvo que proceder a su cierre definitivo. Hasta ahora. 

     Hace algunos días Castilla se encontró con Carine Mertens, la esposa de Alfonso, quien se mostró satisfecha con la apertura pese a que no se ha podido llevar a cabo como hubiera sido lo más deseable. 

     Durante décadas el taller de Mertens se convirtió en referente y polo de atracción de artistas y estudiantes de casi todo el mundo que llegaban a Tenerife para poder sacar provecho a una colección de herramientas y profesionales como el propio Mertens que difícilmente encontrarían en otro lugar. 

     Primero en Arona y desde los años 80 del pasado siglo en Santa Cruz, la labor del taller siempre fue calificada de ejemplar y puntera.

     A lo largo de su vida, este profesional de nacionalidad belga adquirió maquinaria valiosísima en el campo de las artes gráficas que atrajo a artistas de renombre como César Manrique, Maribel Nazco o Maribel Morales, quienes al igual que todos los alumnos estaban obligados a ceder una de sus obras.  

     El resultado es que en la actualidad existen unos fondos de alrededor de 3.500 piezas de destacados artistas que en esta nueva etapa deben ser en gran parte clasificadas para luego pasar a ser custodiadas en el museo de Bellas Artes de Santa Cruz. Justo el mismo lugar en el.que por casualidades de la vida ha ido a parar el propio taller.

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