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La nostalgia del VHS, el Walkman y las consolas de 16 bits. Por Jesús Hernández

En pleno 2021 somos muchas y muchos los que echamos la vista atrás con nostalgia. Nostalgia de poder ir a un videoclub y sacar una cinta VHS para ver toda la familia en la noche del sábado.

Establecimientos aquellos con pasillos llenos de carátulas de películas, películas como “El silencio de los corderos” o “Pulp Fiction” , una experiencia a día hoy insustituible.

El poder hablar con la o el dependiente era un lujo, casi siempre era una o un entendido cinematográfico, la o el que te sacaba de dudas y te ayudaba en tu indecisión. Ahora hemos cambiado esa persona por “recomendaciones” en una de nuestras “plataformas streaming”. Se ha perdido una parte esencial del cine, el diálogo, la opinión con los demás,  de aquellas y aquellos con los que trabajaban y vivían cerca de uno. Por cierto, ¿quién se coló detrás del pasillo de las cortinas? Ese pasillo para adultos y que de crías y críos por hacer la ruindad querías pasar.

Afortunadamente aún quedan espacios donde ver y compartir películas con buenas charlas, como los pases que organiza “Charlas de cine” todos los meses en los Multicines Tenerife.

Y… ¿Quién no se acuerda del Walkman? Como anécdota, fue donde me pasaron mi primera cinta casete de un directo grabado de DJ Jonay, pero también donde escuché mi primera colección de Michael Jackson. A todos lados ibas con el gran invento de Sony, donde por primera vez, en un aparato tan pequeño podías escuchar en estéreo.

La locura de cambiar las pilas cada dos por tres,  el darle la vuelta a la cinta en los primeros walkmans, afortunadamente a los dos años salieron los famosos auto reversible.

Acabo este artículo hablando de uno de mis vicios en aquellos años 90… la Mega Drive o algún arcade de alguna recreativa. Jugar, poner los cartuchos en esa maquina negra, alargar el mando con el cable que no llegaba a dos metros y sentarte a disfrutar de juegos de plataformas 2D como Sonic, Castlevania, Aladdin, o juegos de luchas y aventuras como Golden Axe, Street Fighter II, o Streets of Rage… ¡No tenían rivalidad emocional!

En aquellos años no teníamos consolas con juegos en red, quedábamos con las y los colegas en las casas de cada uno a jugar largas partidas, intercambiábamos cartuchos y así nos pasamos unos cuantos años, hasta que pudimos disfrutar de grandes gráficos en máquinas arcades en recreativas, con juegos tan aditivos como Crazy Taxi, Virtua Tennis o Sega Rally. ¿Quién no se acuerda de ir pasando todas las fases, perder en la última y aun quedándote una oportunidad tenías que meter 25 pesetas que ya no tenías?

Años de emociones, con poca tecnológica y con mucha imaginación que a día de hoy, echamos de menos.

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