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Análisis de la película «Drive My Car». Por Gara Lacaba Toledo

Película con 3 nominaciones a los Óscar, y a la espera de si se hará un “Parásitos” llevándose el galardón a “Mejor película” y a “Mejor película extranjera”. Pese a que guarda semejanzas, la película es merecedora de mejores referencias ya que no podemos obviar su maravillosa historia. “Drive my car” es un viaje a los sentimientos del ser humano y su lucha para gestionarlos. Se podría decir que cada personaje es una representación de cada uno de los estados en los que nos encontramos a lo largo de nuestra vida, muy típico en la escritura de Murakami, un profesional en diseccionar la mente y el corazón de cada personaje.

                A diferencia de “Tokio Blues” que fue basado de una de las novelas del varias veces nominado al Nobel de literatura, “Drive My Car” está basado en un relato, y aun así da para un metraje de 3 horas en el que continuamente suceden cosas. Murakami tiene tal capacidad de plasmar en letras los sentimientos, que a veces abruma lo que nos llegamos a poder ver reflejados en cada uno de los diálogos de los personajes, aspecto que su director Ryûsuke Hamaguchi no dudó en utilizar recreando escenas tan llenas de emoción que a veces se duda si se está viendo una película o está recordando momentos de tu vida. Una de las escenas más impactantes de la historia, es la que se encuentran Yüsuke y Köji (protagonista y uno de los personajes más relevantes) sentados en el asiento de atrás del coche manteniendo una conversación, en la que sin decirse nada en claro, ambos sabían lo que querían decir y en esa imagen la cámara puede captar el momento en el que a Yüsuke se le parte el corazón. 

El director se toma la licencia de utilizar la obra de Chejov “Tío Vania” como el hilo conector de los personajes y ayuda a mantener presente a la esposa del protagonista a través de las cintas grabadas para recordar el texto de la obra. Tanto la obra como la película muestra la reunión de los personajes alrededor de una mesa con la intención de que todos puedan observarse cara a cara y así hablar y mostrarse sin tapujos.

Otro de los aspectos que llama la atención es la tonalidad de las imágenes. Cuando se trata de las escenas con la mujer del protagonista, los tonos son azulados dando sensación de frío y quizás con la intención de mostrar la frialdad de su relación.

En cambio, cuando se trata de las escenas con los protagonistas de su obra o con la conductora que lleva y trae a Yüsuke, las imágenes son luminosas y en tonos blancos, transmitiendo la creación de una nueva vida e incluso una nueva ilusión.

                Como buena obra de Murakami que es, los personajes están llenos de sensibilidad y muestran sus emociones sin pudor. Como comenté anteriormente cada uno muestra aspectos del ser humano. Yúsuke muestra el amor más profundo y real, Oto, la independencia y la frialdad, Misaki el dolor y la soledad, Takasuki la ambigüedad y la pasión y Lee la dulzura y la resiliencia.

                En definitiva “Drive My Car”, es una delicia en la que los silencios y las miradas son mensajes que a veces dicen mucho más que el diálogo. Son tres horas de sentimientos y muestras de amor en todas sus versiones.

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