viernes, junio 21, 2024

Michaela Konrad, en el centro de su universo. Por Noé Ramón

Más cerca de la ciencia que de lo improbable, entre la estética de los años cincuenta y las temáticas futuristas, se encuentra el trabajo de la ilustradora austriaca, Michaela Konrad, una obra que llama la atención tanto por el fondo como por la forma. Esta autora que vive casi la mitad del año en Tenerife siente auténtica pasión por los asuntos filosóficos, metafísicos y científicos en su forma más comprensible, huyendo de teorías descabelladas y apostando más por la ciencia que por la ficción. El día 17 de octubre coincidiendo con el XX Salón del Cómic de Tenerife será posible ver su obra en el TEA y además hacerlo en tres dimensiones a través de móvil por medio de una novedosa aplicación.

 En 1994 llegó por primera vez a Tenerife dentro de intercambio universitario y le gustó tanto que al final ha decidido repartir el año entre su país natal y la Isla. En este vínculo tiene mucho que ver el Taller de Artes Gráficas Mertens que conoció cuando su promotor Alfonso Mertens estaba aún vivo y se situaba en La Recova Vieja. El flechazo fue instantáneo y la fascinación llegó al punto de que en ese momento decidió dedicarse a las Bellas Artes de forma plena, con lo que rompe un poco el perfil de dibujante que tiene clara su vocación desde la infancia. Ella, lógicamente siempre había dibujado, pero sería después de conocer el taller tinerfeño cuando tuvo clara cuál iba a ser su profesión y así lo ha conseguido. 

 Konrad mantiene sentimientos encontrados sobre la reapertura en su actual formato como escuela municipal y en el Museo de Bellas Artes, al no ser posible concluir las obras de rehabilitación en su emplazamiento original desde donde sólo se ha podido llevar una de las máquinas dado su peso. “No ha sido posible traer la que era mi preferida, un offset con la que hacía mis obras”. La envergadura de estos aparatos se cuenta por toneladas y de hecho para poder trasladar la única que está en el Museo se tuvo que emplear un camión y varios operarios.

 Konrad no guarda sino buenos recuerdos de los momentos que pasó en este taller en su época de máxima actividad y especialmente porque el concepto que se manejaba entonces era el de un estudio abierto en el que entraban y salían los creadores en cualquier momento entre las 10 de la mañana y ocho de la noche. Aquellos que como ella comenzaban tenían la posibilidad impagable de aprender de los profesionales de toda Europa con los que se codeaban libremente. “Para mi fue muy importante el trabajo en aquel taller a la hora de evolucionar mi estilo, me cambió el chip y me di cuenta de que las Bellas Artes siempre habían sido mi vocación. Era mi casa, donde me encontraba con artistas y podíamos intercambiar ideas y ahora me siento como si no tuviera hogar”.

 Su estilo llama la atención por su estética y mezclar textos con imágenes, pero sin tratarse de un cómic en el sentido estricto. Una de sus principales obras es Vacuum Cleaner (Limpiadora del Vacío) que gira en torno a una joven que se dedica a limpiar una nave espacial, guión que se inspira en la experiencia propia de hacer este trabajo temporalmente en los aviones. También es autora de un libro multimedia titulado “Tomorrow” (Mañana) en el que hace un repaso a visiones pasadas del presente en forma de portadas de cómic imaginarias. 

 Su pasión por estas temáticas un tanto inusuales la extrae de sus constantes lectura de libros de filosofía, metafísica, científicos, viendo documentales y series al estilo Star Trek. Reconoce que no es ninguna especialista, pero le gusta conocer todo lo relacionado con asuntos como la teoría cuántica, universos paralelos o agujeros negros que luego utiliza en sus obras. Por eso en Tenerife una visita obligada fue el Observatorio de Izaña y el del Roque de Los Muchachos en La Palma, instalaciones que considera un lujo para los canarios. Participó en un experimento que se hizo de forma simultánea en los dos emplazamientos en el que se pudo demostrar que el contacto entre los fotones es instantáneo pese a las distancias.

 Lógicamente a medida que aumenta el conocimiento van surgiendo más preguntas que respuestas, por ejemplo, le llama la atención que más de un 80% del Universo sea totalmente desconocido y por ello se denomina materia y energía oscura, la teoría de que el espacio está conformado por cuerdas que vibran con distintos sonidos o las dimensiones paralelas. Todo mezclado con dibujos de los años cincuenta y sesenta, lo que justifica a que simplemente le gusta esa estética.

 Cree que vivimos en el futuro pese a que ella se imaginaba que a estas alturas estaríamos vestidos como los personajes de Star Trek, pero poder contar con móviles, realizar operaciones quirúrgicas a distancia o mediante láser o los avances informáticos y científicos le ha llevado a esa conclusión. Lo contradictorio es que la ciencia va por delante de una realidad que no resulta nada esperanzadora y que es más accesible a una casta que a la totalidad de la población.  

 Es rotunda al rechazar de plano la Inteligencia Artificial (IA) en su uso para el arte en cuanto que se apropia del trabajo de los demás sin que los autores reciban nada a cambio, dada la existencia de un auténtico vacío legal que les impide reclamar derechos de autor.

 Asegura que siente atraída e influenciada por el movimiento llamado Poesía Visual que se asentó hace décadas en Austria. El hecho de contar historias por medio de secuencias la sitúa más cerca de las viñetas que de los cuadros estáticos, “necesito relatar algo, no sólo transmitir sensaciones a través de una ilustración”.

 Konrad tiene una legión de seguidores con muchos de los cuales está en contacto continuo y se acercan a su taller en Austria, por ello una y otra vez se marca el reto de implicarse más en las redes sociales, aunque habitualmente acaba tropezando con el aburrimiento.

 La Fundación Cine + Cómics le otorgó en 2019 el premio Ilustración y desde que tomó contacto con la misma ha podido llenar el vacío que le ha dejado el cierre del taller. Las primeras colaboraciones tuvieron lugar en el Salón del Cómic de 2018 cuando eligieron cuatro cuadros suyos y desde entonces la relación ha sido constante. La autora equipara a esta cita anual tinerfeña con otras organizadas en su país, el secreto del éxito radica en que, por una desconocida razón, se deben llevar a cabo en localidades sin demasiada población y contar con el mayor número de colectivos culturales posibles.

 Lo importante es que la creadora ha conseguido cumplir el sueño de poder vivir de su trabajo creativo gracias a las ventas de sus obras, “pero tal y como está el mundo no se sabe lo que va a pasar mañana…”, indica. 

 Su próximo proyecto promete ser tan sorpresivo y original como los demás. Aborda un mundo en el que se utiliza la publicidad, pero al contrario de lo que ocurre hoy en día, el objetivo es evitar el consumo desmedido que bajo su punto de vista es el origen del cambio climático y un futuro nada halagüeño. 

     Sobre la pregunta principal de si en todo ese mundo propio que ha creado tiene cabida la existencia de un dios, se declara atea o en todo caso mantiene que se trataría de una figura al estilo de la que defendía el filósofo Spinoza y que acogió Einstein. Un ser supremo que al final viene a ser el propio Universo. 

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