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Adrián Gómez opina sobre la película «Doctor Extraño y el multiverso de la locura»


En la historia del cine descoloca ciertas secuelas firmadas por directores con pretensiones de autoría. Es el caso de John Boorman con El hereje (Exorcista 2) o John Frankeheimer con French connection 2. Al margen del legado de los títulos de culto de William Friedkin, quedan para el recuerdo de como se tienen que hacer las cosas, El imperio contraataca, de Irvin Kershner, y Aliens, de James Cameron. En otro orden de cosas, están los cortes de manga a las franquicias sobreexplotadas (e intocables para el fan inmovilista) como vienen a ser Los últimos Jedi, de Rian Johnson, o Matrix Resurrections, de Lana Wachowsky, ambas espléndidas en su ironía, brillantez metacinematografica y mala baba. Y luego están Blade 2, de Guillermo del Toro, o las incursiones de francotiradores como Edgar Wright, James Gunn o Taika Waitii, donde los autores hacen lo que pueden con lo que tienen, en el timorato, pacato y políticamente correcto MCU de Disney… Y aquí entra Sam Raimi con Stephen Strange…

Más cerca de Arrastrame al infierno que de Oz, un mundo de fantasía, Raimi hace lo que puede con lo que tiene. Rodada íntegramente en un cuarto verde (ni siquiera las secuencias neoyorquinas son exteriores reales), la película cuenta con una primera media hora insufrible, con un prólogo que parece un descarte de Spy Kids, y un monstruo cefalópodo que se pretende Lovecraftiano y parece de Pixar. Conocemos a América Chávez, exponente ejemplar de la corrección política inherente a la casa del ratón, que introduce al espectador y a Stephen Strange (Benedict Cumberbatch, lo mejor de todo, y muy superior a su tocayo Wong; tan poco creíble como W, como Óscar Isaac de Caballero Luna, Jeremy Renner como Ojo de Halcón o los Chrises como el capi o Thor. Los auténticos lectores de cómics saben de lo que hablo) en las diferentes dimensiones del multiverso del título. Aquí se empieza a animar la cosa, con la aparición de la Bruja Escarlata, una sonámbula Elizabeth Olsen, entre Morgana, Carrie y la Samara de The Ring. Ciertamente inquietante y divertido, éste núcleo central es lo mejor del filme, recordando hallazgos de Endgame o el último Spider-Man, y con un fandom service de primer orden; la aparición de los Iluminati, que no voy a desvelar pues la sorpresa merece la pena, pero que a los amantes de marvel de toda la vida (los de las Viñetas no los del ratón ) les alegrará el día, tanto los personajes como los actores y actrices que los encarnan (anécdota; en la proyección, al parecer Mónica Rambeau como la Capitana Marvel, la auténtica, pues Carol Danvers siempre fue Mrs.Marvel y luego Binaria, un iluminado en la sala, decía que era una guerrera de la Guardia de Wakanda….esto es lo que ha conseguido Disney, señor@s..).


En cuanto al resto, poca profundidad en los perfiles psicológicos de los personajes; ni en el drama por perder a la enfermera Rachel McAdams, ni en el del trauma por la pérdida de la prole de Wanda Maximoff, originada, al parecer, en la serie Wandavision, que no he visto ni me urge, evitando una vez más el Marketing Hamburger de la casa…deprimente lo de ésta gente.
Por lo demás, un baron Mordo insípido, un cameo genuino y adecuado, de Bruce Campbell, música de Danny Elfman, y un clímax místico post-mortem, donde asoma el espíritu del director. Y otra sorpresita entre créditos…y para casa.


A estas alturas, un servidor no esperaba Evil Dead, pero si algo del toque del artífice Spider-Man 1 y 2; dos de las mejores películas de superhéroes de todos los tiempos.
Un pasatiempo de dos horas que no pasará a la historia pero que tampoco molesta con los aberrantes chistes infantiles de siempre.

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