La directora portuguesa reflexiona sobre qué es ser niño o niña a través de las vivencias de indígenas de una comunidad del pueblo achuar en el río Pastaza

Autonomía, colaboración, espontaneidad, creatividad, aprendizaje mediante el juego… son algunos ingredientes esenciales de la vida de los niños y niñas indígenas de la comunidad del pueblo achuar en Súa, situada a las orillas del río Pastaza, en la Amazonía ecuatoriana. La directora de cine portuguesa Inês T. Alves llegó a la comunidad en 2018. No lo hizo como directora de cine, sino como una mujer inquieta y solidaria que quiso acercarse para conocer la vida comunitaria y aprovechó la oportunidad de que el pueblo estuviera abierto “a recibir gente de fuera para colaborar con el profesor de la escuela local”, explica. 

Su intención no era hacer una película, pero lo que encontró allí acabaría convirtiéndose en su primer largometraje, ‘Waters of Pastaza’ (61’ / 2022 / Portugal), premiada en el festival IndieLisboa y que tuvo su estreno en España en el Festival Internacional de Cine Medioambiental de Canarias (FICMEC), donde también fue premiada como el mejor largometraje documental de su XXV edición. 

“Tenía el deseo de conocer la Amazonía, de conocer a la gente de ahí, aprender con ellos. No iba necesariamente con la idea de hacer una película. Llevé conmigo algún equipamiento muy básico de filmación, más que todo porque, como iba a estar integrada en la escuela, pensé que podríamos hacer algún ejercicio de cine con los niños. La comunidad empezaba a tener electricidad, era muy reciente, y empezaban a tener móviles, entonces me pareció también interesante hablar de la imagen, qué es, cómo se hacen las películas”, explica la directora.

Alves pasaba mucho tiempo con los niños y niñas de la comunidad. De ese contacto surgió la filmación de “su día a día, su contacto con la naturaleza, sus conocimientos” y, al final, la reflexión “sobre qué es ser niño o niña”. Lo que la cineasta encontró entre ellos le hizo recordar a su infancia y confirmar las diferencias entre las distintas vivencias en la comunidad y en ella misma y su generación. “Se siente mucha autonomía de los niños y de las niñas y eso se refleja en un conocimiento muy profundo de la vida y del territorio donde están. En la película podemos ver su independencia: desde muy pequeñitos cocinan, van a pescar, van a buscar frutos. Aprenden jugando entre ellos lo que necesitan para sobrevivir en ese territorio. Yo me sentía muy ignorante ahí con ellos”, dice.

“Me fascinó que estos niños y niñas están muy en contacto con algo que creo que en Europa ya hemos perdido, que es como una intuición, la espontaneidad, la creatividad y un contacto muy directo con todo lo que es no humano, porque aquí estamos viviendo en esta monocultura de seres humanos rodeados de cemento y allí hay un contacto más directo con lo que es vida y con la toda la biodiversidad de vida. Y me parece también importante hacerlos visibles y mostrar al mundo también que ese conocimiento es posible, que los niños son capaces y que esos niños también nos hacen de espejo, que no es sobre el otro, el indígena; al final, es sobre nosotros”, señala, mientras apunta a la inevitable comparación: “y quería reflejar cómo yo sentía eso también, que me hacía recordar mi infancia, todo lo que me decían sobre que yo no era capaz y ahí se ve que hay que dejar a los niños que desarrollen sus capacidades”.

Inês Alves llegó a FICMEC recién llegada de la Amazonía, a donde volvió para presentar la película, un estreno ante la comunidad que no pudo llegar antes por cuestiones económicas. “Ahora finalmente conseguí llegar y, claro, los niños ya no son tan niños, ya son la mayor parte jóvenes adolescentes. Surgen muchas emociones, muchas cosas han cambiado, también la energía de ellos ha cambiado, las dinámicas de la comunidad han cambiado un poco, entonces esta película es como una memoria que queda para ellos”.

‘Waters of Pastaza’ recibió el premio al mejor largometraje documental en la XXV edición de FICMEC. “Muy alejada del concepto de el buen salvaje, esta película es un paréntesis donde la directora, sin condescendencia, pero sí una mirada llena de ternura, nos sumerge en un universo muy particular que nos lleva a reflexionar sobre muchas cosas relevantes para nuestro mundo”, dijo sobre el largometraje de la portuguesa el jurado. 

El documental de Inês Alves se estrenó en España en esta edición de FICMEC. En el primer largometraje de la directora portuguesa el jurado ve “un cine cuidadoso y sostenible, no solo en su modo de producción, y en su mirada delicada y no invasora, sino en el respeto a la audiencia, al no imponer mensajes ni lecciones”.

Al conocer la concesión del premio, la directora aseguró que “estoy muy contenta; para mí es un reconocimiento de la fuerza de la naturaleza y de las niñas y niños achuar, que fueron una gran inspiración para mí. Tenemos mucho que aprender de los niños y niñas achuar, especialmente, nosotros, que vivimos en las ciudades, cerrados en muros de cemento, bloqueados en una monocultura de seres humanos, separados de nuestro ambiente, de las plantas, de los animales, de los árboles, porque nosotros también somos seres de la naturaleza, de los mares, de los océanos, de las montañas de los ríos y creo que estamos muy desconectados de nuestra intuición y de nuestra creatividad”.

“Estos niños nos hacen recordar quiénes somos nosotros y que hay otras formas de vivir y de relacionarnos con nuestro planeta de una forma más sostenible y nos hacen recordar el conocimiento que estamos perdiendo. Creo que nos hacen también recordar que es importante confiar en la tierra que pisamos, estar en contacto con el riesgo sin estar agotados por el miedo”, dijo para concluir que confía en que su película llegue a mucha gente y en que “nos haga más consciente de la importancia de respetar las formas de vida de estas comunidades, que enfrentan una amenaza constante”, concluyó Alves. 

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