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Ramón J. Freire: “Narración e ilustración van de la mano, y en Los Silos el dibujo juega un papel muy importante»

El artista ecijano es el autor del cartel del XXVII Festival Internacional del Cuento de Los Silos

Ramón J. Freire (Écija, 1980) acude al Festival Internacional del Cuento de Los Silos por tercera vez, aunque en 2020 también participó vía telemática por la pandemia. Este año, sin embargo, su presencia está especialmente por ser el autor del cartel del certamen de narración oral, un encargo que asumió hace justo un año en la plaza de la Luz con sorpresa. Freire es doctor en Bellas Artes con mención europea por la Universidad de Granada, profesor de Grabado en la Universidad de Castilla-La Mancha y director académico del Centro de Iniciativas Culturales de la misma universidad. Cuenta en su haber con numerosas exposiciones a lo largo de todo el planeta. Ahora, regresa a Los Silos en diciembre con su familia, estrenando paternidad.

– ¿De dónde le viene su pasión por la ilustración?

Empecé a dibujar con 9 años y mis padres me apuntaron en una academia de mi pueblo, donde estuve hasta los 20, cuando la profesora me dijo que ya su docencia y mi presencia eran innecesarias. Desde pequeño tuve claro que quería hacer Bellas Artes. Luego pude emigrar y salir mi pueblo, algo difícil, pero tenía que hacerlo para seguir prosperando.

– Y años después termina en Cuenca.

Sí, primero voy a la universidad y hago el doctorado dirigido por Juan Carlos Ramos, que fue como un padre para mí. Ya después, en 2010 (con 30 años) llego a la Facultad de Bellas Artes de Cuenca.

– ¿Por qué optó por especializarse en Grabado?

Primero hice un ciclo de Escultura y luego me especialicé en Dibujo y Pintura en la carrera de Bellas Artes. Mi profesor era especialista en Grabado, entré en su taller, donde estuve realizando una especie de máster durante ocho años, primero como aprendiz y luego ayudando a otros artistas. Después, comencé mi labor de investigación doctoral y, al iniciar la docencia, cogí la asignatura de Grabado, así que toda la formación académica se dirigió hacia ese ámbito, aunque nunca dejé la pintura, el dibujo ni la escultura.

– ¿Cómo consigue exponer sus obras en lugares como Finlandia, Taiwán, Estados Unidos o Polonia?

Siempre he pensado que es muy importante estar en el lugar adecuado en el momento adecuado. Recuerdo que la primera fue en Finlandia. Creo con humildad, cariño y trabajo se pueden conseguir grandes cosas poco a poco. No es que yo lo haya forzado, porque no me gusta mucho ir por ahí enseñando mi trabajo, pero las cosas han ido saliendo. Es verdad que, si no tienes trabajo, tampoco puedes conseguirlo.

– ¿El mundo digital es una ventaja o un inconveniente para la ilustración manual?

Creo que si rehúyes los medios digitales no estás aprovechando todas las ventajas que dan los avances tecnológicos. Es algo evidente, porque el ser humano ha ido progresando gracias a eso. Es verdad que hoy va todo tan rápido que los que venimos de una formación clásica pensamos que el mundo digital propone atajos que pueden hacerte perder mucho del recorrido que hay en la formación. Sería bueno no desechar el pasado para conocer de dónde venimos y formarte. Una tableta te ofrece posibilidades increíbles, pero si no tienes una formación en dibujo, no va a hacer el trabajo por ti.

– Es su cuarto año impartiendo un taller de ilustración en el Festival Internacional del Cuento de Los Silos. Cada año tiene una temática nueva. ¿Se van agotando las opciones?

Este año imparto en el curso para maestros un taller de gyotaku (método tradicional artístico japonés). Mi pasión es la gráfica y las artes, y quiero llevar el arte a todo el mundo. En este caso, traigo una técnica oriental para aplicarla a la didáctica. Una de las doctorandas a las que dirijo tiene su ámbito de investigación precisamente en eso, en el grabado como herramienta didáctica. Creo que hay que enseñar la ilustración igual que se hace en el festival con la palabra, para que dé frutos. Siempre ha habido una especie de barrera en la preparación técnica, así que buco hacer el trabajo más viable desde donde se puede. Como hay un montón de técnicas desde el siglo VI a.C. hasta la actualidad, creo que tengo bastante material para seguir viendo a Los Silos muchos años (ríe).

– Estamos en un festival de narración oral en el que, sin embargo, se da especial importancia a otras artes como la música o la ilustración. De hecho, cada año viene invitado un ilustrador de reconocido prestigio. ¿Cómo ve esa apuesta por diversificar el evento?

Me parece algo básico. Conocí a Ernesto Rodríguez Abad cuando fui a recogerlo para llevarlo a Cuenca sin saber quién era. Luego, gracias al profesor Pedro Cerrillo y el grupo de investigación de la Universidad de Castilla-La Mancha, vi quién realmente era y todo lo que hacía. Cuando vine a Los Silos por primera vez a impartir un taller, vi que la palabra estaba presente en su más amplio sentido, vinculado a otras artes. Nunca me imaginé, por ejemplo, protagonizar la revista del festival, Mnemósyne, donde en ediciones anteriores aparecían ilustraciones de Gabriel Pacheco (México), o ver el cartel con una obra mía. No te haces consciente de lo que significa. En definitiva, para mí es básico que haya esa relación entre la narración y la ilustración, porque van de la mano y en Los Silos juega un papel muy importante.

– Ha tenido un año para preparar el cartel.

Sí, me enteré en la plaza de la Luz el último día del festival de 2021. Nunca lo hubiese imaginado, incluso si hubiese venido 20 años seguidos. Ya había trabajado con Diego Pun Ediciones, pero esto jamás lo habría pensado. Me quedé absorto cuando Ernesto Rodríguez Abad me lo propuso. Ya en el avión de regreso saqué la idea, que siempre es lo más complicado. Hice un boceto en el vuelo y me quedé con él. Estaba condicionado por la temática, lo cual facilitaba todo. Buscaba contar una historia como hacen los narradores, pero a través del dibujo. Pensé en los aleluyas, esas ilustraciones que se hacen en el inicio del cómic, y fui buscando una imagen en la que contar muchas historias de migración, pero sin caer en los tópicos como una patera o un niño llorando en la guerra.

– Aparecen elementos locales como el faro de Teno. ¿Le marcó la actuación que tuvo lugar en ese espacio el año pasado?

Mucho. A mí me marca todo lo que veo y nunca paro de darle vueltas en la cabeza. También aparece una piña de plátanos, referencias al mar como una gaviota, la rueda de una bicicleta como símbolo de la fragilidad, personas de todas las edades y, especialmente, maletas, que era el elemento donde debía apoyarse toda la obra.

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