miércoles, junio 19, 2024

Opinión: Tinta contra tijera. Por Ruth Rodríguez Pérez

Esta semana he estado leyendo multitud de artículos relacionados con la reciente polémica creada tras la revisión de los textos del escritor Roald Dalh, autor de maravillas de la literatura con las que todos estamos familiarizados, como “Charlie y la fábrica de chocolate”, “Matilda” o “James y el melocotón gigante”, que recientemente han sido revisadas, cambiando adjetivos que, desde el punto de vista actual, se consideran hirientes y ofensivos, por otros, hoy por hoy mejor aceptados.

Como he dicho anteriormente, son muchos los artículos que he leído al respecto, ya que, en un primer momento, por lo surrealista que me parecía la resolución, pensé que se trataba de una “fake news”, esa tendencia actual, a la que tristemente nos estamos acostumbrando, de encontrar noticias falsas en las redes, por lo que me dediqué a leer todo artículo al respecto que cayera en mis manos, de cualquiera de los dos posicionamientos del debate literario que se ha creado.

Indudablemente, la sociedad evoluciona y las certezas y realidades de hace 100 años no son las mismas que ahora, afortunadamente en muchísimos aspectos, la situación ha mejorado exponencialmente, pero me parece absurdo tener que cambiar una historia escrita hace casi 60 años razonando que, a día de hoy, alguien se puede sentir ofendido.

Será que en mi época escolar me enseñaron a contextualizar un escrito, situarlo en tiempo y espacio, para poder entender mejor su significado y que nos llegara más claro el mensaje del autor. Es tarea de la sociedad madurar y entender que no podemos leer con ojos del siglo XXI escritos antiguos, no podemos sentirnos agraviados por una obra que escribió alguien que vivía una realidad totalmente distinta a la nuestra. Sus principios, su ética, su moral, están sesgados por el momento que le tocó vivir.

Y yo me pregunto, ¿Qué será lo próximo? ¿revisar el Quijote? El término «locura» a día de hoy es políticamente incorrecto, ¿acaso habría que cambiarlo entonces por «trastorno esquizoafectivo»? Y dónde pondríamos el límite a esta sinrazón, ¿osarán asimismo revisar textos religiosos?, porque sólo con el Antiguo Testamento tienen para varios años de «correcciones».

Estamos creando una sociedad de mantequilla, frágil, inoperante e inútil, incapaz de afrontar ningún imprevisto ni hacer frente a los contratiempos, ni los momentos críticos que se les pueda presentar. Estamos creando un mundo de ofendidos e incompetentes.

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