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Aula de Cine de la ULL proyecta este miércoles 17 de mayo la película «Forajidos de leyenda»

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La proyección en V.O.S.E dará comienzo a las 19:00 en los Multicines Tenerife situado en el Centro Comercial Alcampo La Laguna.

Sinopsis

«The Long Riders» es un emocionante western estadounidense dirigido por Walter Hill y estrenado en 1980. La película narra la legendaria historia de los hermanos James y Younger, un grupo de forajidos que aterrorizó el Salvaje Oeste durante la década de 1870.

La trama se centra en los hermanos James (interpretado por Stacy Keach) y Younger (interpretado por David Carradine), quienes lideran una banda de criminales compuesta por sus hermanos: Frank James (interpretado por James Keach), Cole Younger (interpretado por Keith Carradine), Bob Younger (interpretado por Robert Carradine) y el infame Jesse James (interpretado por James Keach).

Los hermanos James y Younger llevan a cabo una serie de audaces atracos a bancos y trenes, manteniendo a la población aterrorizada. La película muestra la relación fraternal entre ellos y cómo se enfrentan a la ley y al cambio de los tiempos en el Salvaje Oeste.

Mientras tanto, un grupo de valientes y decididos cazadores de recompensas, liderados por el detective Allan Pinkerton (interpretado por Christopher Guest), se embarcan en una misión para capturar a los hermanos James y Younger y poner fin a su reinado de terror. La tensión aumenta a medida que los dos grupos se acercan cada vez más en un enfrentamiento épico y violento.

«The Long Riders» destaca por su estilo visual auténtico y su narrativa poderosa, capturando la violencia y la belleza del Salvaje Oeste. La película cuenta con un elenco excepcional de hermanos reales, incluyendo a los hermanos Keach, Carradine y Carradine, lo que añade un nivel adicional de autenticidad a la historia.

Con una combinación de acción, drama y una poderosa exploración de los lazos familiares y los códigos de honor en un mundo despiadado, «The Long Riders» es un clásico del género western que continúa fascinando a los espectadores con su historia legendaria y su estilo cinematográfico único.

Captura de pantalla del tráiler de Forajidos de leyenda

JM Churchi & Son de la Tierra, protagonistas de la nueva cita con el Jazz Café CajaCanarias

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–       La sesión, a celebrar en el Espacio Cultural CajaCanarias de Santa Cruz de Tenerife, tendrá lugar mañana miércoles, 17 de mayo

–       Toda la información, disponible a través de www.cajacanarias.com

La Fundación CajaCanarias continúa mañana miércoles, 17 de mayo, la programación de su Jazz Café, iniciativa dedicada al disfrute de este estilo musical en vivo y en acústico e inspirada en los tradicionales clubs de Jazz de mediados del siglo XX, con la actuación de la formación JM Churchi & Son de la Tierra. La jornada, con entradas ya agotadas, dará comienzo a partir de las 19:00 horas, en el Espacio Cultural CajaCanarias de Santa Cruz de Tenerife, con un servicio de café e infusiones incluido en el precio de la entrada para, a las 20:00 horas, dar comienzo a la actuación musical correspondiente. Toda la información acerca de este ciclo, así como el servicio de venta de entradas, se encuentra disponible en www.cajacanarias.com.

Con esta nueva iniciativa en la programación musical de la Fundación CajaCanarias, los amantes de este género pueden participar de una experiencia cultural y social en la que arte, estética, luz y sonido se conjugan para generar la atmósfera ideal que acoge agrupaciones y solistas de Canarias en un formato básico y cercano. En esta ocasión, la sesión estará protagonizada por el proyecto de jazz latino liderado por el baterista JM Churchi, denominado Son de la Tierra, para desarrollar una música en gran parte inspirada en ritmos caribeños, que incorpora estructuras y prácticas del jazz moderno con un marcado énfasis en los solos e improvisaciones. Este joven proyecto vio la luz durante el verano de 2016, haciendo varios conciertos por diferentes locales de Tenerife y con una aceptación inmejorable. Jonathan Olivares (conga/percusión), Ruimán Martín (contrabajo) y Samuel Labrador (piano) completan la formación liderada por José Miguel Méndez “Churchi” desde la batería.

El Castillo San Felipe acoge los cinco conciertos de la edición de 2023 del Festival Up & Down

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Las instalaciones del Castillo San Felipe del Puerto de la  Cruz acogerán del 17 al 21 de mayo los conciertos de una nueva edición del Festival Up & Down, que esta ocasión acogerá un total de cinco actuaciones protagonizados de manera correlativa por Puertas al Sur, Morimoto Sisters, Polo Ortí Trío, Ibolia y Gino Marcelli y Eliseo Lloreda dúo.

Los conciertos de esta séptima edición darán comienzo a las 20:30 horas y todos tienen un precio de tres euros. Las entradas se pueden retirar a través de la página web www.tickety.es. El Festival Up&Down cuenta con el patrocinio de Promotur (Turismo de Canarias),  el Instituto Canario de Desarrollo Cultural, el Cabildo de Tenerife y el Área de Cultura del Ayuntamiento del Puerto de la Cruz.

En la jornada de estreno, el protagonismo recaerá sobre Puertas al Sur, proyecto que trata de rendir homenaje a la cultura latinoamericana y a su riqueza literaria e imaginario cultural, a través de temas representativos de la identidad latina, y otras canciones populares no tan conocidas, que dejan entrever la belleza de un música con

historia y profundidad cargada de mestizaje. El jueves 18, el turno será para Morimoto Sisters, un dúo de voces, compuesto por Satomi y Emiko Morimoto, dos hermanas japonesas, que incluyen en sus repertorios músicas de oriente y occidente interpretadas a un altísimo nivel gracias a sus voces prodigiosas y a su virtuosismo al piano.

El viernes 19 el festival recibe a Polo Ortí Trío, está compuesto por Polo Ortí al piano/teclados, Víctor Merlo al bajo y Juanjo Ortí a la batería, un proyecto que bebe del carácter personal y singular que Ortí logra impregnar en muchas de sus composiciones y que le ha hecho merecedor de numerosos elogios por parte de importantes músicos de jazz  como Gary Burton, Jorge Pardo y Lyle Mays.

En el penúltimo día de actividad se subirá al escenario Ibolia, un quinteto musical, resultado de la unión de músicos amantes del flamenco. Ellos mismos llaman ‘Flores musicales’ a la exquisita selección de piezas andalusíes que ofrecen en un espectáculo que emociona y divierte.

La jornada de clausura tendrá como protagonistas al pianista Gino Marcelli y el guitarrista Eliseo Lloreda, quienes presentan un formato elegante de dúo, en el que las melodías son una excusa para la improvisación, predominando sobre todo una buena conversación entre dos amigos , lo que también conlleva momentos para el silencio y sobre todo para el respeto mutuo.

Una exposición virtual recopila viñetas de todo el mundo sobre la invasión de Ucrania

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El director de la Fundación Canaria Cine+Cómics, Lucas Morales, ha elaborado una exposición virtual en la que ha recopilado más de 300 viñetas aparecidas en medios de comunicación de todo el mundo sobre la invasión de Ucrania. Pero eso sí, siempre desde un punto de vista que no tiene reparos en calificar de “occidentalista”, o lo que es lo mismo, siendo muy crítico sobre lo que ha venido ocurriendo desde hace más de un año en este país. La llamativa muestra titulada «La Guerra en Viñetas», ya puede ser visitada en la página de la Fundación, más concretamente en la pestaña del V Congreso Internacional de esta entidad. De hecho, fue “inaugurada” el mismo día en el que se inició este encuentro, el pasado lunes 8 de mayo.

Las viñetas son mayoritariamente del extranjero, con una parte pequeña de autores nacionales. La explicación no es otra, sino que los dibujantes españoles no han sido tan contundentes como los de otros lugares a la hora de ridiculizar, ironizar o directamente denunciar la posición de Rusia en este conflicto. Especialmente, hay presencia de historietistas europeos y, sobre todo, de Estados Unidos que han sido demoledores contra los rusos.

La exposición no da ninguna concesión a la invasión, ni se ha incluido dibujo alguno que, aunque sea de forma remota, esté a favor de esta operación militar. “Es totalmente contraria a la posición de Rusia y a todos aquellos que defienden y la invasión de un país soberano a través de mentiras”. Hemos oído como el país invasor justifica estos desmanes apelando a que se trata de una operación especial, pero “basta con hablar con cualquier ucraniano para comprobar que todos tienen a alguien afectado de alguna manera, ya sea económicamente o por los crímenes de guerra durante los bombardeos, personas violadas o torturadas, que están en el frente…”

Morales está especialmente concienciado sobre esta contienda, la crueldad que ha traído aparejada y alaba el papel que han jugado dentro de sus posibilidades estos dibujantes. En cada una de las viñetas se refleja quiénes son los autores, el medio en el que aparecieron y también se incluye un párrafo con los textos traducidos. El propio director califica de “titánico” un trabajo por el que ha querido agradecer a Lourdes, Miriam y Robin por su apoyo en la documentación gráfica y a Eduardo González por la realización del cartel de la muestra. Las previsiones pasan por convertirla en una exposición física en el XX Salón Internacional del Cómic y la Ilustración de Tenerife y en un libro en el futuro que incluya otros episodios de esta invasión.

“Nos parece interesante porque refleja el punto de vista de los dibujantes gráficos sobre esta guerra. Creo que dejamos claro que las viñetas no son siempre un chiste, sino también pueden suponer un gesto de rebeldía y de crítica”. Pero eso sí reconoce sin reparos que todas y cada una de ellas parten del punto de vista de Occidente y se muestran en contra de la invasión y del apoyo a Ucrania.

Durante un año, Morales ha estado recopilando las imágenes que ha repartido siguiendo el orden de los principales hitos que él ha considerado que definen la guerra, o aquellos momentos históricos y más significativos de la contienda. Por ejemplo, el hundimiento al principio de la guerra del buque insignia de la flota del Mar Negro, el Moskva, cuando Ucrania no contaba con apoyo alguno de la comunidad internacional. Este episodio fue ridiculizado por los dibujantes de manera especial en cuanto que no se trataba de una tragedia humana, sino de la desaparición de uno de los signos principales de la invasión en aquellos momentos.

Otro hito en el que se han cebado literalmente los humoristas ha sido la llegada de los mercenarios contratados por Rusia, a quienes se les atribuye las mayores atrocidades, en todos los sentidos. Un personaje en el que se han concentrado de forma especial las burlas de los caricaturistas es en el ministro de Exteriores de la Federación Rusa, Sergei Lavrov. La causa es la serie de mentiras encadenadas que ha protagonizado a lo largo de estos meses, de forma constante, con el fin de adaptar el discurso del Kremlin al desarrollo de la contienda. Especialmente irrisorias resultan sus acusaciones repetitivas de que el país invadido es de tendencia nazi, cuando precisamente su presidente Volodímir Zelenski es judío. Un argumento que repetitivamente se ha basado en la coalición puntual que tuvieron con Alemania en la II Guerra Mundial con el fin de enfrentarse a Rusia, enemigo ya en aquel entonces de Ucrania y de la Alemania nazi.

La explicación que ofreció el ministro es que los judíos siempre han sido los mayores enemigos de su pueblo, lo que vendría a significar que Hitler era de raza judía. No hubo que esperar mucho para que aparecieran en los medios de comunicación una retahíla de burlas, chistes y críticas sin límites. Los apoyos con los que han contado los rusos, entre ellos Chechenia, es otro de los aspectos en los que los humoristas también se han ensañado especialmente.

La decisión de que la exposición virtual adopte exclusivamente el punto de vista Occidental y no dude en defender a Ucrania, la justifica Morales como “algo personal”. Hasta ahora, las reacciones de las personas que la han visto es la de apoyar lo que algunos han entendido como una labor informativa y se muestra orgulloso de que le den las gracias porque se han puesto al día sobre el desarrollo del conflicto. “A veces hay demasiada información, en otras hay poca y en algunas más no existe interés en estas cuestiones”. A ello se une que poco a poco la guerra va perdiendo protagonismo en los medios de comunicación, “pero ese no es mi caso, desde luego”.

El motivo de impulsar esta iniciativa no es sólo ideológico, sino también de tipo personal. Cuando comenzó a dar clase en la universidad hace diez años, dos de sus alumnos eran un matrimonio ucraniano -Araik y Natasha- con quienes aún mantiene una gran amistad y coopera para impulsar nuevas iniciativas similares. Morales es consciente de que la exposición implica un pequeño apoyo a un problema mastodóntico. Está convencido de que el respaldo que ofrece Occidente a los ucranianos facilitándoles armas es con la intención en todo momento de que llegue la paz, pero no a cualquier precio, y por supuesto sin ser represaliados ni pisoteados”. No ve descabellado que Ucrania vuelva a recuperar sus fronteras, se haga con Crimea y pueda mantenerse como un país soberano.

Rebate a quienes defienden a Rusia al considerar que no les quedó más remedio que actuar de esta manera para evitar que Ucrania entrara a formar parte de la Alianza Atlántica, OTAN. “No estamos a favor del imperialismo americano, pero tampoco de lo que está ocurriendo. En todo momento hay que respetar la soberanía de los países. Si criticamos que se invada un país como Iraq pese a su forma de gobierno dictatorial, también debemos hacerlo cuando la afectada es una nación democrática amenazada con ser ocupada por un país totalitario”.

Los viñetistas que más se han implicado en este compromiso a medio camino entre el humor y la crítica son, por ejemplo, el libanés Patrick Chappatte, o los miembros de los colectivos Political Cartoon o Cartoon Movement. “Me ha alegrado ver que hay periodistas tanto gráficos como dibujantes que han sido lo suficientemente cabales como para poner un punto sobre las íes”.

Noe Ramón

La Sinfónica de Tenerife interpreta Cuadros de una exposición en su nueva propuesta familiar

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El concierto será este sábado [día 20], a partir de las 12:00 horas

La Sinfónica de Tenerife, bajo la dirección de Jhoanna Sierralta, afronta esta semana la tercera propuesta educativa de la temporada que gira alrededor de la obra Cuadros de una exposición, de Modest Mussorgsky, con un guion y narración de Ana Hernández Sanchiz. El concierto en familia será este sábado [día 20], a partir de las 12:00 horas, y las entradas a cinco euros se pueden adquirir hasta el mismo día del concierto, a través de la web www.sinfonicadetenerife.es y en la taquilla del Auditorio de Tenerife.

La oferta educativa arrancará -como es habitual- con la propuesta para escolares durante la semana, donde está prevista la asistencia de tres mil personas que proceden de 34 centros educativos de 17 municipios. Las sesiones serán del miércoles [día 17] al viernes [día 19], a partir de las 11:00 horas, y han confirmado su asistencia los colegios Santo Domingo (Güímar), Pureza La Cuesta (La Laguna) y Nazaret (Los Realejos); Liceo Francés Internacional de Tenerife, Escuelas Pías y CIFP Virgen de Candelaria (Santa Cruz), CEO Guajara (Fasnia) y CPEIPS Acaymo Nuestra Señora de la Candelaria (La Laguna).

La relación de asistentes se completa con escolares de los IES El Médano (Granadilla), Tacoronte, El Tanque, Mencey Acaymo (Güímar), Barranco Las Lajas (Tacoronte), San Andrés (Santa Cruz), Punta Larga (Candelaria), Villalba Hervás (La Orotava), La Laboral, Marina Cebrián, Canarias y Antonio González González, Padre Anchieta, Valle de Guerra y San Matías (La Laguna), El Galeón (Adeje).

Los conciertos escolares y el familiar irán acompañados con proyecciones que han sido elaboradas por el alumnado que ha acudido al Auditorio y que previamente han trabajado con la guía didáctica que se les facilitó desde el Patronato Insular de Música con la colaboración del Área Educativa y Social de Auditorio de Tenerife.

Modest Mussorgsky (1839-1881) compuso en 1874 esta obra para piano con el título de Suite Hartmann, ya que se trata de una colección de 15 piezas inspirada en la exposición póstuma de la obra del artista y arquitecto Victor Hartmann, amigo del compositor ruso. La obra fue posteriormente orquestada por otros compositores, entre ellos Maurice Ravel, cuya versión es la más interpretada y conocida.

La obra, una suite de carácter descriptivo, encuentra la unidad entre las diferentes piezas a través del tema denominado Promenade, que aparece al principio de la pieza y en otras tres ocasiones posteriores, intercalada entre cuadros, aunque siempre de manera variada. Ese tema muestra precisamente el recorrido del visitante de la exposición paseando de cuadro a cuadro.

Adrián Gómez opina sobre la nueva película de Marvel «Guardianes de la Galaxia vol. 3»

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Bodrio sideral de proporciones cósmicas, no se entiende éste corte de mangas de James Gunn, a menos que se marque su particular Cocksucker Blues, a los pacatos de Marvel Disney, por vetarlo tras una serie de declaraciones, y darles por saco con una adulta, gamberra e inteligente película de superhéroes, cómo viene a ser Suicide Squad para la Distinguida Competencia…

¿Y que tenemos aquí? Dos horas y pico de la nada más absoluta, que me ha despertado ese deseo ferviente de abandonar la sala, tras tal cúmulo de estupideces, que un servidor no sufría desde Wakanda Forever o Ready Player One. La sobrevalorada y amena primera entrega, revitalizó (pasándose por el forro el cómic original) el Space ópera, quedando, eso sí, muy por debajo de su modelo; la excelente Firefly de Joss Whedon, o la magnífica actualización de J.J. Abrahams sobre Star Trek. Whedon, Gunn, y posteriormente, Edgar Wright y Taika Waititi, eran Enfants terribles con una estimulante filmografía previa, que se vieron con bozal, porque los mafiosos del ratón no tienen los arrestos suficientes para dejarles vía libre…de ahí los catastróficos resultados de los últimos «desfases». La secuela baja el listón, denotando síntomas de agotamiento, pero ésta que nos ocupa es una tomadura de pelo, donde la creatividad y la sorpresa brillan por su ausencia.


Este engendro pretende, incluso, de manera hipócrita y facilona, un discurso animalista de cuarta, con bichos virtuales (un conejo a lo Hannibal Lecter, una nutria ortopédica, etc…). A saber, experimentos del Alto Evolucionador (aquí de color, pero, cómo lo define Starlord; » especie de Robocop polioperado con traje de Skeletor»). También hay niños que rien, mapaches que lloran y ven la luz, amigos inmediatos que se abrazan y un Adam Warlock totalmente idiotizado (Will Poulter, magistral en Detroit y Midsommar), que nada tiene que ver con el cómic. También desaprovechan la idea de la Contratierra, donde Drax se despacha a gusto lanzando piedras a infantes o tirando a híbridos de la moto, supuestamente, para hacer gracia…pero ojo, a los pobrecitos animalejos en cautiverio y tristemente torturados en los experimentos del villano, ni tocarlos.


Aquello no hay por donde cogerlo, desde la perrita parlante Laika (demencial) hasta los cameos desaprovechados , de fetiches del director, cómo son Michael Rooker, Nathan Fillion o Gregg Henry, que intervienen en las mucho más dignas Super y La Plaga. También reaparece Sly Stallone como líder de los saqueadores, y Howard el pato (casi lo mejor). Y este es el plan. Personajes mal dibujados, trama endeble y con agujeros (de gusano?) y, para seguir la tradición, un conjunto de cancioncillas pop para la generación Spotify (esos que no escuchan discos enteros) que empieza con una versión acústica del Creep de Radiohead, y acaba con Badlands de Springsteen, acaso los momentos más felices del film, lo cual es decir mucho…o poco. Por lo demás, Chris Pratt sigue tan cargante como siempre (a la par que en su otra insufrible trilogía, la jurásica) y hay una escena de combate, el enésimo plano secuencia con ralentí, que intenta ser rompedor, y llega más tarde que toda esta bazofia del MCU, fórmula ya prácticamente agotada, que solo funciona para mentes de 12 años (su auténtico target). Los lectores de cómics debemos abstenernos y revisar joyas como Logan o El caballero oscuro, para oxigenarnos de tanta mediocridad. Menos mal que en noviembre vuelve Villeneuve con la segunda mitad de Dune, para enseñar cómo se hacen las cosas en el cine de género.


Es irónico que una película (?) sobre el artífice de la guerra de la evolución, certifique la definitiva involución del blockbuster de temporada. La vulgarización del cine de evasión. Por cierto, se ha dicho que este festival de tópicos, es de una carga emocional irresistible ( sic)….yo, sinceramente, prefiero pelar una cebolla. A evitar. Aprovechen la fiesta del cine para disfrutar de lo último de Walter Hill o Neil Jordan, o de lo mejor de la cartelera, la excepcional Beau tiene miedo (próximamente en Culturamanía), donde tanto Ari Aster como Joaquín Phoenix, vuelven a dar una lección de séptimo arte .


En cuanto a esto, pues escuchen Since you, ve been gone, y acuérdense de…. Rainbow, of course. De Kevin Feige ya me acuerdo yo cuando se me gasta el papel higiénico…
Recomendada a Jabalís, Mapaches, Cefalópodos y cinéfilos con camisetas de Bambi y El Rey León.

Imagen promocional de la película

¡SHAZAM! LA FURIA DE LOS DIOSES llega a HBO Max el próximo 23 de Mayo

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La secuela del superhéroe más gamberro de DC llega a HBO Max. No te pierdas las nuevas aventuras de Shazam el próximo 23 de Mayo.

Billy Batson y sus compañeros adoptados han recibido los poderes de los dioses pero aún están aprendiendo a compaginar sus vidas de adolescentes con sus alter-egos superheróicos. Pero cuando las Hijas de Atlas, un vengativo trío de antiguos dioses, llegan a la Tierra en busca de la magia que les robaron hace mucho tiempo, Billy -alias Shazam- y su familia se ven envueltos en una batalla por sus superpoderes, sus vidas y el destino de su mundo.

¡SHAZAM! LA FURIA DE LOS DIOSES llega a HBO Max el próximo 23 de Mayo

LO DE EUROVISIÓN 2023: Europhoria o Crónica de un triunfo anunciado. Por Javier Mérida

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El pasado sábado 13 de mayo se celebró en la ciudad inglesa de Liverpool la Gran Final de la edición número 64 del Festival de la Canción de Eurovisión. Aquí podría acabarse esta crónica, pero ya que el certamen no había pisado suelo británico desde hacía 25 años, a causa de lo visto y lo oído, merecería la pena comentar lo más notable y también lo menos del que puede considerarse el evento musical más importante del año a nivel mundial; además, como redomado eurofán que es uno, a este humilde cronista le divierte enormemente compartir con ustedes sus impresiones al respecto.

Sí, ya sé que el título de esta crónica no reviste ningún misterio, pues estaba cantado, nunca mejor dicho, quién ocuparía el primer puesto de tan codiciado podio. Sin embargo, a pesar de la cobertura ofrecida por la BBC (Telebrexit) en el espectacular escenario montado en el M&S Bank Arena de la ciudad cuna de los Beatles fue de una elevada calidad, cosa a la que el ente británico nos tiene desde hace tiempo bien acostumbrados, lo cierto es que tanto derroche de alta tecnología y futurista diseño no anduvo aparejado con la esperada calidad de la mayoría de las propuestas musico-escénicas que las diferentes teles europeas (37 nomás) pusieron en liza en esta ocasión.


Si el año pasado quien les escribe destacó las bondades de gran parte de las actuaciones concurrentes en Turín, me temo que este año la cosa se va a quedar en un par de mijillas que rescatar. Aunque el Festival de este año resultase por lo general aburrido, previsible y anecdótico, creo que es justo dignificar el denodado esfuerzo de sus presentadores los cuales, contra todo pronóstico, tuvieron un papel mucho más activo y jovial lejos del acartonamiento habitual y forzada simpatía que suelen desplegar. De hecho, la BBC seleccionó para tal fin a tres reconocidas figuras con demostrada experiencia en el ámbito audiovisual y escénico: la actriz y cantante Hannah Waddingham, la polifacética presentadora Alesha Dixon, y al reconocido presentador Graham Norton. Junto a ellos, la cota ucraniana venía representada por la cantante de rock de aquel país Julia Sanina.

Liverpool fue la sede designada para acoger el evento este año debido al inicio de la invasión rusa del país ganador de la pasada edición, Ucrania, cuyos representantes, la Kalush Orchestra con el tema Stefania resultó vencedora en lo que pareció ser más bien cosa de la solidaridad del público que de la propuesta musical en sí. No siendo Stefania una canción sobresaliente (este año casi ninguna lo ha sido), provocó gran simpatía entre la audiencia del Eurofestival. Ya que el segundo clasificado (runner up, en el argot) fue Sam Ryder, en representación del Reino Unido con su pelazo rubio y mercúrica voz, cosechando inusitado éxito tras años de una abundante temporada en los infiernos eurovisivos, la EBU (y los euros) propiciaron que en nombre de Ucrania esta edición del certamen se celebrara en otro territorio de la zona EBU. No es extraño ni es la primera vez que ocurre algo así en la historia del Festival. Sirva como ejemplo la edición de 1980 que se celebró en La Haya (Países Bajos), ya que en esas fechas Israel conmemoraba a las víctimas del Holocausto nazi, habiendo sido la ganadora de 1979 en Jerusalén, precisamente.

Pero volvamos a Liverpool. 26 fueron los países clasificados este año para la Gran Final, entre ellos Reino Unido, España, Francia, Alemania e Italia, el denominado Big Five, ese miniclub de privilegiados que por ser los que más pasta ponen en la EBU, junto con el país ganador del año anterior se clasifican directamente sin pasar por semifinales, lo cual no se sabe muy bien hasta qué punto deja o no de ser un privilegio o una condena.


Austria tuvo el honor de abrir el Festival con las simpáticas jóvenes austríacas Teya & Salena quienes con su tema Who the Hell Is Edgar? animaron los primeros pasos del certamen. Su propuesta escénica, aprovechando las proyecciones en las pantallas que arropaban a cada representación, resultó bastante atractiva. Puede que el tema sonara un poco a típica canción modernita centroeuropea, y en cierto modo recordaba a la entrada noruega de 2022 en Turín (Italia), aquella de los lobos amarillos de Subwoolfer. Al final lograron con 120 puntos un discreto puesto 15 de 26.


Tras Austria, llegó Portugal con Ai, Coração!, una canción alegre, juguetona, con aires de cabaret y cierta sonoridad festiva propia de aquellas latitudes, defendida (más o menos) por su intérprete Mimicat, con mucho desparpajo y arrojo, con mucho rojo, muchos volantes y algún que otro desafine. El tema portugués se las prometía de algo que no quedó muy claro. Para la calidad a la que nos tenía acostumbrados Portugal en los últimos años, tras su triunfo en Kiev en 2017 con el gran Salvador Sobral, la verdad es que decepcionó bastante, no siendo en la opinión de quien escribe la mejor de la preselección de la RTP (la tele lusa). Tanto es así que se quedó en un puesto 23 con tan solo 59 puntos.

Suiza volvió a intentar la fórmula Gjon’s Tears de aquel Tout l’Univers (la canción que sonaba en lo de Rociíto) que tanto éxito obtuvo en Rotterdam en 2021, pero esta vez encarnada en un jovencísimo y bien suizo Remo Forrer, el cual, con su tesitura de voz de barítono en un cuerpo de cristal y angelical rostro trató sin pena ni gloria de situarse en aquellos mimbres con la canción Watergun, que sonaba canción ya escuchada en el Eurofestival. La única nota atractiva de Suiza, sólo la voz del muchacho, porque como canción, terminó por resultar bastante aburrida. La puesta en escena tal vez se pasó de sobria, quedando un tanto pobre. Obtuvo un puesto 20 con 92 puntos.

Lo de Polonia este año es que, sencillamente, no tiene nombre. Bueno sí, ella, la intérprete que la tele polaca envió a Liverpool, se llama Blanka (pero no Paloma), y la canción Solo dista océanos de tiempo y calidad de aquella maravilla titulada Sama (Sola) con la que Justyna Steczkowska nos deleitara por Polonia abriendo la edición de 1995 en Dublín. Comenzaba con Blanka el desfile de eurobarbies de este año. De hecho, la canción recordaba ligeramente a Barbie Girl del grupo danés Aqua, el revientapistas de baile de mediados tardíos de los 90. En fin, una canción insustancial, sin interés de ningún tipo y tan típica que con 93 puntos se situó en el puesto 19.

Fue la de Serbiauna canción muy extraña, con una puesta en escena algo cargante, en modo gamer. Con Samo mi se spava, interpretada en serbio, el joven Luke Black se las daba por momentos del mejor Pál Oskar (Islandia, 1997), acabando por convertirse en un trasunto treintañero de The Cure con una pizca de Placebo. En definitiva un rebotallo de dudosa originalidad bien confuso. De ahí su puesto 24 y sus exiguos 30 puntos.

La Zarra fue la encargada de representar a Francia con el tema Évidemment. Lo primero que llamaba la atención era la escenografía: ella sola subida en lo alto de un pedestal ataviada con un traje de corte larguísimo cuyos bajos desaparecían en qué momento que la hacía parecer una especie de Slenderwoman, descendiendo a medida que la canción avanzaba, casi como metáfora del puesto 16 al que finalmente llegó con 104 puntos. Tanto canción como interpretación tenían ese corte y atmósfera francesa habitual, aunque al final el resultado careciera de la fuerza y savoir-faire que hace que a menudo Francia destaque. Evidentemente resultó más pretenciosa de lo que en realidad era, no siendo una canción muy destacable.


La descarga de testosterona de esta edición vino de la mano del intérprete de Chipre (país que estuvo a punto de quebrar su legendaria racha de fracasos en el festival celebrado en Lisboa en 2018 con la archiconocida Fuego de Eleni Foureira). La tele chipriota presentó Break a Broken Heart, interpretada por el joven Andrew Lambrou, australiano él. La canción e interpretación digamos que fueron correctas, aunque respondía fielmente a esa fórmula con la que Duncan Laurence se alzara con el primer premio en Tel Aviv en la edición de 2019, con el tema Arcade. No obstante, Lambrou cantó muy bien, llegando a unas cotas vocales bien armadas, poniéndose en el papel de una suerte de guerrero del amor roto, entre llamaradas en escena y con un final arriba (no entiendo esa manía que algunos intérpretes tienen de agacharse para hacer agudos). En definitiva, que Lambrou se fue a la guerra (del amor), —qué dolor, qué dolor, qué pena—. Por ello obtuvo un puesto 12 con 126 puntos.

Tras Chipre le tocó el turno a Eaea, por España, interpretada por nuestra representante Blanca Paloma, una extraña bulería algo tecno-nana, que si bien ejecutó de manera impecable, careció del poderío esperable, cuyo listón puso bien alto Chanel el año pasado en Turín con SloMo. Un punto de corte que la alicantina (ilicitana para ser más precisos) no consiguió ni siquiera rozar, a pesar de partir como favorita en las apuestas previas a la celebración del Festival. Sobre muchos revoloteaba el fantasma de Remedios Amaya que hace cuarenta años nos proporcionó un sonoro CERO en Múnich con ¿Quién maneja mi barca?, aunque con los años se haya convertido en una canción de culto. Y es que ya sabemos que el flamenco, aunque sea una de nuestras más queridas y esenciales manifestaciones musicales, nunca ha tenido buena acogida en Eurovisión. Las expectativas eran altas, pero la Blanca Paloma tuvo que aterrizar con un maltrecho puesto 17 y 100 puntos. Fracaso, decepción y descalabro para las expectativas generadas.

Tras la publicidad de Moroccanoil, apareció ella, la grandiosa, la estratosférica, la ínclita Loreen por Suecia, que ya en Bakú 2012 reventara la tabla con su Euphoria catapultándola a la más gloriosa de las arcadias musicales europeas. Ganadora indiscutible de este festival, no por nada, sino porque desde que se supo que volvería a participar por la SVT (la tele de Sverige), la maquinaria del eurofanato comenzó a dar ya por vencedora a Tattoo, que parece, de algún modo, la cara B de Euphoria. Aun siendo una muy buena canción, producto de la excelente factoría sueca del pop y del eurofestivalismo, su fórmula triunfante resulta ya un poco cansina, la verdad. Aparte de la estética algo lobezniana y de la Nueva Momia, la puesta en escena era sobria, original, si nos ponemos, y un tanto opresiva con ella entre dos plataformas luminosas, desplegando su innegable y consabida potencia vocal e interpretativa. De hecho, se da la paradoja de que con este nuevo triunfo derroca a Irlanda de sus invictos 7 triunfos, consiguiendo así empatarla con el mejor palmarés de la larga historia del Festival. Además, como guiño, resulta que Loreen, al igual que Johnny Logan (Irlanda 1980 y 1987) han hecho pleno en el festival al proclamarse vencedores en las dos ocasiones que han participado como intérpretes. Sin embargo, Logan gana, pues en el festival celebrado en Malmö, en 1992, volvió a hacerse con el primer premio, esa vez como autor de la canción irlandesa Why me?, repitiendo fórmula compositiva con la intérprete Linda Martin, que supondría el encadenamiento hasta 1995 de consecutivos triunfos de Irlanda, regentando así hasta este año el parnaso eurovisivo. Con 583 puntos, sin sorpresas desde las primeras votaciones, y favorecida en gran parte por la particular geopolítica de Eurovisión, Loreen se llevará a Suecia el Festival por octava vez el año próximo, si a aquel del que no hablamos no le da por invadirla.


Albania, en su joven andadura por el festival, envió a una familia de cantantes de origen kosovar a defender Duje, canción de aires balcánicos, algo estereotipada, pero con gran carga emotiva y rítmica, y mucha etnicidad iliria; con papá, mamá y hermanos y hermanas en escena Albina, con uno de los atuendos más llamativos de la noche, a modo de heroína de tan exóticas tierras, tan sólo se quedaría en un puesto 22 y 76 puntos..


Marco Mengoni fue, otra vez, el encargado de recordarnos que en Italia la sombra de Ramazzotti es alargada. Hace 10 años, en Malmö, Mengoni participó por la RAI (la tele itálica) con el tema L’essenziale, donde conquistó un séptimo puesto. Este año, interpretando Due Vite se haría con el puesto 4, gracias a los 350 puntos obtenidos. Ciertamente, como L’essenziale, la canción es una hipermegaarchirrequetetípica balada italiana de esas que aburren muchísimo y que parece que no se va a acabar nunca aunque uno quiera que se acabe. Incomprensible ese cuarto puesto para un tema que no añade nada, pero niente di niente, a la andadura itálica por el eurofestival. Una pesadez.

La participación de Estonia, con Alika y el tema Bridges, tiene cierto interés por varias razones: en principio, porque es la primera vez que vemos que un piano toca solo en Eurovisión, lo cual suscita la amarga sospecha de pensar si los intérpretes pianistas que han pasado por el festival hasta el momento tocaban el piano realmente o era todo una burda farsa, una patraña. De hecho, en el transcurso de su interpretación, Alika se sienta a tocar el piano (bueno, entre comillas), alimentando aún más si cabe ese temor. La siguiente cosa interesante es que Estonia acudió con una balada también correcta, si bien nada espectacular, pero bien defendida, con gusto y elegancia, siendo de las escasas canciones de corte lento de esta edición del festival, lo que le valió un honroso puesto 8 con 168 puntos.

Tras el primer puesto de Loreen, Finlandia consiguió con Käärijä su mejor clasificación desde que ganara con los monstruosos Lordi y la celebrada Hard Rock Hallelujah en Atenas (2006), un merecidísimo segundo puesto con la bizarra y energética Cha Cha Cha, que como su título indica, hace alusión a ese conocido baile caribeño, pero traído al terreno del tecno-pop oscuro y algo bakalaero del finés. Además, punto a favor, la canción está interpretada en finlandés, lo cual no ocurría desde 2015, lo cual se agradece, aparte de darle una gran personalidad a la actuación, con icónico bailecito inquietante incluido, ataviado él con una chaquetilla verde fosforito de estética ciertamente punkarra, y remembranzas de la puesta en escena de aquel Everyway that I can de Sertab Erener (ganadora en Riga 2003 por Turquía), mediante el uso de ataduras, a lo bondage, con sus compañeros y compañeras de escena. Una verdadera y atrevida fiesta, la del finés que cosechó la no desdeñable cifra de 526 puntos, disputándole el triunfo a Loreen durante todo el proceso de votaciones.Otra interesante y original propuesta de este año vino por parte de la delegación checa. Una de mis pocas favoritas (junto con Finlandia, Australia, Bélgica y Croacia, de la que luego hablaré). Chequia acudió con el grupo Vesna, que es en realidad una banda folk, pero con tintes electrónicos, cuyo aprovechamiento de la escena y de la tecnología puesta a su disposición por la organización en Liverpool fue, a mi modo de ver, una de las más brillantes de la noche. Las 6 componentes del grupo, vestidas de rosa y larguísimas trenzas que les dieron mucho juego en la interpretación de My Sister’s Crown, desplegaron un dinámico y original juego escénico mediante una coreografía muy bien armada, arropando su reivindicación feminista ante la audiencia del M&S Arena. De este modo, gracias a su original y audaz propuesta no sólo musical sino intrepretativa se colocaron en un buen décimo puesto (tal vez merecieron más altura) con 129 puntos.Australia, país que desde que fue invitado en 2015 a participar en Viena ha sabido mantenerse ininterrumpidamente en la palestra eurofestivalera con una carrera jalonada de altibajos, pero siempre con más altos que bajos. Cabe decir que Australia es miembro de la EBU, y de hecho no sorprende cómo de en serio se toman sus participaciones en el Festival. Este año acudieron con la banda Voyager (con coche en escena incluido, a lo Sébastien Tellier por Francia, en Belgrado 2008) con un rock movidito y pegadizo titulado Promise. Hay que destacar el pelazo de su vocalista Daniel Estrin y su buen hacer en escena, con seguridad, solvencia y buena química con el resto de la banda, lo cual contribuyó a que dejaran un buen sabor de boca. Y es que los de Perth se colocaron en un puesto 9 con 151 puntos. Dignísimo papel de uno de los países poseedores de una gran industria musical generadora de gran presencia de nombres en el pop rock de las últimas décadas (INXS, Crowded House, John Farnham, Kylie Minogue…).

Gustaph, representante de Bélgica, interpretó un funk-pop muy agradable, pegadizo y bailable. Si bien en la semifinal su voz se comportó mejor que en la final, lo cierto es que el despliegue de buen rollo y su bien pensada puesta en escena (él con sombrero blanco y traje rosa), recordaba a aquellas canciones de Simply Red o Boy George, lo cual nos rescataba de otros engendros vistos y aún por ver que quedaban en la noche. Con el tema Because of you, en compañía de un excelente cuerpo de baile, consiguió un séptimo puesto con 182 puntos.

Brunette presentó por ArmeniaFuture Lover. Aunque el tema es un poco ya manido, la interpretación resultó muy interesante en escena, lo cual compensaba de algún modo cierta engañosa anodinez inicial, al marcarse en mitad del tema unos pasos de baile que no solo realzaban la belleza personal de su intérprete sino también su presencia y su carisma en escena. Aún con todo, se quedó en un puesto 14 con 122 puntos. En algún momento llegué a pensar que quizá fuera digna rival de Loreen, desde otro punto de vista, tal vez por la falta de pretensión y la aparente sencillez de la propuesta. Pero terminó algo desinflada. No obstante, su interpretación destiló honestidad y buen arte.

El moldavo Pasha Parfeni (una suerte de Nota de El Gran Lebovsky y algo de Macaco), presentó por su país, Moldavia, Soarele şi Luna, un tema reforzado por los aires étnicos habituales de por aquellos lares y cierto encanto ritual que, siendo muy pegadizo y agradable, no llegó a alcanzar más que un puesto 18 con 96 puntos.

Ucrania, los anfitriones por así decirlo, recurrieron al dúo Tvorchi y la canción Heart of Steel, con su llamativa propuesta electrónica que, dentro de cierta sobriedad, rezumaba elegancia en el escenario con un tema bien interpretado por el vocalista Jimoh Kehinde, de origen africano. La escenografía parecía inspirada en una suerte de distopía cibernética a lo Terminator. Es innegable el talento existente en Ucrania con respecto a la música que allí se hace. No por nada, son valedores de dos triunfos en el Eurofestival desde su debut en 2003, en Riga. No obstante, intuyo que su puesto 6 en la clasificación, pudo también venir apoyado por la ola de solidaridad que el mundo está volcando sobre el pueblo ucraniano, lo cual no desmerece, ni de lejos, las sorprendentes y originales propuestas que Ucrania ha aportado hasta el momento al certamen.

De Noruega no voy comentar nada porque estimo que no hay mucho que decir de Queen of Kings y Alessandra. Una canción bastante insulsa, de fórmula gastada, por antigua, reconocible, previsible y anodina que nada aporta al acervo eurovisivo del país escandinavo. Alessandra se coló en la Final de un modo incomprensible, lo mismo que Polonia, sumando en la resta y rellenando un hueco que debían haber ocupado otros temas como el de Países Bajos, que no pasó, o Irlanda, que aunque un poco típicos, tal vez hubieran aportado un poquito más de color y cierta variedad temática al certamen. Su inexplicable quinto puesto es tan problemático que ni siquiera se apareja con sus compañeros de tabla. En fin, cosas de Eurovisión. Definitivamente, no. Noruega, esta vez, regresó a una fórmula tan facilona como pelma.

Alemania. Como si Modern Talking hubiera pasado por el tamiz de Rammstein. Una canción heavy, es decir, pesada, muy al gusto germánico, granítica y no muy original. Audaz, tal vez, la estética de Lord of the Lost nos retrotrajo a los ya mencionados Lordi. En realidad el tema Blood & Glitter, parece más pensado para impactar escénicamente que en lo estrictamente musical, bastante común para quienes más o menos conocemos algo del metal gótico alemán. Nada sorprendente en realidad, salvo por el peculiar aspecto de su vocalista, Chris «The Lord» Harms. En su favor, hay que decir que tal vez sorprenda porque no es lo habitual para Alemania, proclive a enviar unas castañas de altos vuelos. Haciendo honor a su nombre, Lord of the Lost quedaron últimos en la clasificación.



Monika Lynkitė, la intérprete de Lituania, la cual no es nada novata en estas lides eurovisivas, está entre Naomi Watts y Patsy Kensit, aunque su tesitura vocal ensombrece de calle a esta última. No obstante, siendo Stay un tema bastante convencional, tiene cierto interés por el inesperado cambio que arma todo el estribillo, haciéndolo muy pegadizo, aunque débilmente recordable. Stayparece un espiritual que deriva en una especie de himno con cierta reminiscencia folk, pero algo enmascarado. Aun así, se situó en el puesto 11 con 127 puntos.

Noa Kirel, o la Elsa Pataky sionista, desplegó un culto al ego por Israel que provoca setimientos de insoportable antipatía. Unicorn, propuesta de lucimiento más bien físico que vocal, cosa que Israel sabe hacer muy bien (proverbial su excepcional sentido para armar eficaces coreografías en escena) es otro tema más de aspirante a ganadora; pero se queda ahí. A pesar del sumo aprovechamiento del escenario, Unicorn no deja de ser otro tema más, carente de personalidad, por mucho que Noa se empeñe en convencernos de que es “phenophenomenal”. Fenomenal sería que a la EBU no le dolieran prendas en vetar de un vez a Israel, como ha vetado a Rusia, por atentar sistemáticamente contra los derechos humanos del pueblo con el que convive y al que oprime desde hace ya muchas décadas, en vergonzante connivencia y puesta de perfil del resto del mundo. La ocurrencia unicórnica israelí fue premiada con un tercer puesto y 363 puntos. Inexplicable e insultante.


Los Joker Out, grupete de Eslovenia, con su rock pretendidamente indie Carpe Diem (¡oh!) si bien tienen a su favor que canten en su idioma, ofrecen al respetable otro tema típico que pareciera haberse gestado en el transcurso de una discusión sobre quién gastó el acondicionador de pelo, o quién se comió la mayonesa en el piso de estudiantes durante su Erasmus en Amsterdam. Otro tema prescindible, aunque agradable de oír, sin mayores aspiraciones.

Y en este punto he de detenerme porque lo que nadie se esperaba era la gran, inefable e irreverentísima astracanada de Let 3, el popular grupo croata que con el tema Mama ŠČ! produjo el mayor colapso visual y musical hasta la fecha en la historia del Festival, después de Verka Serduchka y su Lasha Tumbai, tema con el que Ucrania acarició el gran premio del Festival en 2007, celebrado en Helsinki. Sin embargo, lo de Croacia en Liverpool con respecto a aquella Ucrania supera con creces las expectativas de lo nunca visto sobre un escenario de Eurovisión. Sobre esta actuación debo destacar su potente delirio y huida hacia adelante, una orgiástica barrabasada, por su travesura irredenta y empedernida, por su absoluta falta de sentido del ridículo, llevado a extremos de sublime consagración del escándalo y lo burlesco, con descarnada parodia a niveles que persistirán en nuestras retinas eurofanáticas por el resto de los días que nos queden. Memorable por el castañazo que meten estos señores en pos del sentido del espectáculo grandioso que es y será el Festival de Eurovisión. Sin duda, un antes y un después. Insuperables los Let 3. No hay color. Grande, Croacia, este año. Muy grande. Llegaron, con todo, a un puesto 13 con 123 puntos. He de confesar que fantaseé con la cara que se le hubiera quedado a Loreen de haberse producido un milagroso sorpasso de los croatas en el último momento. Ella, indudablemente, les dio el zarpazo. Pero ahí queda la delirante propuesta de Let 3, haciendo historia.

Y finalmente, los anfitriones de facto: el Reino Unido con otra típica canción brit-poppydescafeinada, del montón; otra wannabe con la que volvieron a estamparse de boca en los infiernos de la tabla clasificatoria, quedando penúltimos (puesto 25) con tan sólo 24 puntos por I Wrote a Song, interpretada por Mae Muller. Y es que no aprenden. Con un rey recién coronado, que además no quiere serlo, no les da ya para más; ni siquiera para dignificar su poderosa industria musical. El vapuleo al que ha sido sometido el Reino Unido en los últimos años en el Festival ha hecho que decaiga en gran medida el sentido de la paciencia para el eurofanato que ni olvida ni perdona que un país con la presencia y carisma del Reino Unido se haya desdibujado o borrado por completo del Festival, bien por desinterés, bien por desidia, o puede que por una simple cuestión de arrogancia. No sé si el dichoso Brexit habrá generado un clima hostil hacia el Reino Unido, pero lo cierto es que ya desde 2003 no han rozado, salvo el año pasado, un atisbo de mero resurgimiento. I Wrote a Song, es un tema que no se verá resentido por ninguna forma de amnesia y que debería hacer reflexionar a los organizadores del festival sobre la impunidad musical con la que nos agredieron este año los miembros del Big Five.

En resumen, y para terminar esta crónica exhaustiva, este año ha sido notoria la bajísima calidad del Festival, y me temo que de seguir por estos derroteros, la cosa no irá a mejor en los próximos años. Espero equivocarme. Después de lo del sábado, salvo por el subidón necesario y crucial de Croacia (mi incuestionable favorita), mi ánimo con respecto al Festival es bastante derrotista. Pero el alma del eurofán es dúctil como una canción sueca, y el año próximo estaremos dando la batalla nuevamente para que esta pasión permanezca alimentando los rincones más horteras de nuestras almas impuras y anodinas existencias.

Javier Mérida.

NUMAcircuit lleva este sábado al Auditorio de Tenerife un concierto doble de música experimental

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Los islandeses Bára Gísladóttir al contrabajo y Skúli Sverrisson al bajo eléctrico ofrecerán un espectáculo precedido por una muestra

El Auditorio de Tenerife recibe este sábado [día 20], a partir de las 19:30 horas en la Sala de Cámara, un doble programa de NUMAcircuit, festival de experimentación, creación y nuevas formas de expresiones artísticas de Canarias. Se trata de un concierto de la contrabajista Bára Gísladóttir y Skúli Sverrisson al bajo eléctrico, precedido por la muestra de la residencia artística Unmute + Strings.

Bára Gísladóttir es una compositora y contrabajista islandesa afincada en Copenhague, que basa sus obras en reflexiones sobre el abordaje y con el concepto de los sonidos como ser vivo. Su música ha sido interpretada por conjuntos y orquestas como la Sinfónica Nacional de Dinamarca. Además, ha sido nominada al Premio Carl, Kraumur Music Awards, Nordic Council Music Prize, Nordic Music Prize, Icelandic Music Awards y los Royal Philharmonic Society Awards. Es una artista activa e interpreta regularmente su propia música, en solitario o con su colaborador veterano, Skúli Sverrisson.

Por su parte, Sverrisson es un compositor y bajista islandés, además de ser director musical y artístico. También toca el dobro, contrabajo y charango. Ha trabajado con grandes músicos y compositores como Ryuichi Sakamoto, Jóhann Jóhannsson… Sverrisson también ha trabajado a dúo con Anthony Burr y otras grandes artistas.  Uno de sus trabajos en solitario, Sería, fue elegido como Mejor Álbum del Año por Icelandic Music Awards. Además de haber aparecido en más de cien grabaciones y haber actuado, entre otros, con Jim Black y Chris Speed.

Ambos artistas tienen una conexión muy peculiar, la cual consigue fusionar con maestría sonidos drásticamente diferentes. Su interpretación es inmensamente física e intensa, en sus manos los instrumentos se contorsionan llenando la sala con una sonoridad que invita a dejarse llevar y explorar nuevas sensaciones de esencia islandesa, la tierra de hielo y fuego.

Unmute + Strings es un espectáculo performático que lleva al espectador a un viaje sonoro y visual por las profundidades de un ritual ancestral que recuerda a aquellos ritos paganos existentes en un gran número de culturas antiguas del mundo. Está liderado por Yexza Lara bajo un concepto y una estética que entronca, escénica y musicalmente, con el black metal y el noise.

Yexza Lara (voz), Pablo Selnik (flauta) y Nasim Lopez-Palacios (batería preparada) desarrollan desde mañana [miércoles 17] y hasta el día del concierto una residencia con un cuarteto de cuerdas de estudiantes del Conservatorio de Tenerife, compuesto por Pablo Ramos Ferrer (violín), Mariana Yarelis Velásquez Urbina (violín), Blandina Imelda Dimande (viola) y Adasat Santana Suárez (contrabajo). Juntos estarán desarrollando arreglos y dinámicas inspiradas en la creación de masas sonoras aparentemente caóticas provenientes de diversas fuentes de inspiración de los siglos XX y XI, como Ianis Xenakis, Keiji Haino y Lingua Ignota, entre otros. Habrá una sesión de puertas abiertas el viernes [día 19] a las 18:00 horas en Sala Castillo del Auditorio con entrada libre hasta completar aforo.

Este año se celebra la decimoquinta edición de NUMAcircuit, festival de experimentación, creación y nuevas formas de expresiones artísticas de Canarias. Manteniendo el objetivo principal de dar espacio y audiencia a los artistas ocupados en comunicarse con lenguajes contemporáneos o experimentales, fomentar la aparición de proyectos y colaboraciones entre artistas mediante actividades de producción propia, así como dinamizar el circuito regional y nacional del arte de vanguardia. El festival propone una programación interdisciplinar e itinerante a lo largo del mes de mayo que mantiene a Auditorio de Tenerife como uno de sus espacios de programación.

Las entradas se pueden adquirir en la página web www.auditoriodetenerife.com, en la taquilla de lunes a viernes de 10:00 a 17:00 horas y sábados de 10:00 a 14:00 horas y de forma telefónica llamando al 902 317 327 en el mismo horario. Hay disponibles descuentos para menores de 30 años, estudiantes, desempleados y familias numerosas.

Pasionari@s CajaCanarias 2023 llega a su ecuador con Raúl Midón

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  • El cantante y compositor estadounidense actúa mañana martes, a partir de las 20:00 horas, en el Espacio Cultural CajaCanarias de Santa Cruz de Tenerife
  • Las últimas entradas disponibles, con precios a partir de 10 euros, se encuentran a la venta a través de www.cajacanarias.com

La Fundación CajaCanarias continúa mañana martes, 16 de mayo, la programación de su ciclo musical Pasionari@s 2023, una propuesta que, en esta sexta edición, está compuesta por cinco actuaciones musicales de diferentes ritmos y estilos, a celebrar en el Espacio Cultural de Santa Cruz de Tenerife y que se prolongará hasta el próximo 29 de junio. Todos los recitales previstos tienen lugar a partir de las 20:00 horas y las entradas se encuentran a la venta a través de www.cajacanarias.com.

Además de lanzar 10 álbumes de estudio como solista, el nominado al Grammy Raul Midón, apodado «un aventurero ecléctico» por la revista People, ha colaborado con héroes como Herbie Hancock, Stevie Wonder y Bill Withers, además de contribuir a las grabaciones de Queen Latifah, Snoop Dogg y la banda sonora de She Hate Me, de Spike Lee. Nativo de Nuevo México que se educó en el programa de jazz de la Universidad de Miami, y que ahora vive en Maryland después de años en la ciudad de Nueva York, Midón se ha ganado elogios en todo el mundo, con una base de fans que se extiende desde San Francisco hasta la India, Ámsterdam o Tokio para llegar, por primera vez, a Tenerife con motivo de su actuación en Pasionari@s CajaCanarias 2023. Su interpretación en vivo de 2016 del clásico de jazz Giant Steps, de John Coltrane, que lo ve volar a través de las doce teclas de la guitarra, obtuvo más de un millón de visitas a través de Facebook, con nada menos que el héroe de la fusión Al Di Meola dando el visto bueno a la interpretación.